¿Cuándo nace el sacramento del bautismo como tal?

A partir de la Resurrección, de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo y de la venida del Espíritu Santo (Pentecostés), los apóstoles y los demás discípulos de Jesús comenzaron a predicar en el nombre de Jesús y a bautizar usando agua, según el mandato de su maestro, que, como dice el Evangelio de san Mateo (28, 19-20), fue: “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes”.5

Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, los primeros bautizados con agua eran judíos (2, 38-41), y así nació la primera comunidad o Iglesia cristiana (2, 42-47), pues por el bautismo se hacían miembros del Nuevo Israel o Pueblo de Dios.

Esta práctica de usar agua rompió con la costumbre de la circuncisión del pueblo israelita, instituida en el Génesis (17, 9-14); ya no había que circuncidarse para ser miembros del Pueblo de Dios[1].

Como menciona el Evangelio de san Juan (3, 5-6), era necesario renacer del agua y del Espíritu. Hasta nuestros días en todas las Iglesias cristianas (católicos, anglicanos, ortodoxos, coptos, protestantes y evangélicos) usan el agua como signo de iniciación a la vida cristiana.

La Iglesia católica insiste en que, al derramar el agua sobre la cabeza del bautizando, debe decirse: “Yo te bautizo en el Nombre del Padre… y del Hijo… y del Espíritu Santo”. Además, el bautizando es ungido en dos ocasiones: una antes del Bautismo (con el Óleo de los Catecúmenos), y la otra inmediatamente después de haber recibido el agua bautismal (con el Santo Crisma).

En la liturgia bautismal se recita el Símbolo de nuestra Fe (el Credo), en donde profesamos nuestra fe en un único Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo). La fe de los papás y los padrinos garantiza la fe del bebé que recibe el Bautismo. Cuando el bautizando es más grande y ya puede hablar (en el caso de niños de siete años y mayores), él mismo recita el Credo y expresa así su fe en Dios.

 

Fe de erratas: En la primera parte de este artículo sobre el Bautismo, publicado en la revista Almas de junio del presente año (pág. 17) aparece un error en la cita bíblica. Dice: “Evangelio de san Juan (1, 2)”. La cita correcta es del versículo 32 del primer capítulo, por lo que debería decir: “Evangelio de san Juan (1, 32)”. Lamentamos el error tipográfico.


[1] Ver todo el capítulo 15 de Hechos de los Apóstoles, en especial los versículos 9-11.