P. Ignacio Flores G., MG

2014, agosto, pasoral vocacional

Cuando los Padres MG platicamos sobre la vocación, es decir, nuestra propia vocación, generalmente experimentamos un efecto renovador en lo que fue alguna vez nuestro propio llamado. Al menos puedo decir que cuando hablo de mi vocación (aunque la historia es la misma a cualquier persona que se la cuento) el recordar aquellos momentos especiales siempre produce en mí un chispazo que actualiza mi propia vocación y al final me deja siempre un hermoso recuerdo.

Hace ya un tiempo entrevisté a Cristian, un joven veracruzano inquieto por seguir a Dios en la vocación misionera. Es un ejercicio de rutina preguntar a un joven interesado por el sacerdocio misionero acerca de sus deseos, expectativas e intereses por este estilo de vida. A sus quince años yo podría esperar casi cualquier tipo de respuestas, pero al preguntarle por qué sentía un llamado de Dios en su vida, me respondió: “Desde que era pequeño siempre me he preguntado: ¿Qué se sentirá ser un sacerdote? Y desde entonces hay algo en mí, una voz que me invita a ser sacerdote, algo que quema en mi corazón, que me llena de mucha alegría y me hace feliz”. 

¡No puedo negar, Padrinos y Madrinas, que esta respuesta fue algo profunda! Conforme seguía la plática yo le invitaba a que me hablara más por su deseo, así que le hice la siguiente pregunta: ¿Por qué quieres ser misionero? El joven muchacho me respondió: “Siento ese llamado de transmitir a la gente la Palabra de Dios, enseñarles nuestros conocimientos a los que aún no conocen a Cristo Jesús, vivir esa aventura de ir a otros lugares y hacer lo que me gusta, de ser sacerdote, y me gustaría irme a la Misión de Kibera, en Kenia, África”. Debo aclarar en este punto que, aunque yo he sido un misionero en África, nunca le sugerí alguna preferencia particular por esta Misión.

2014, agosto, pastoral vocacional

La conversación era tranquila, serena y, sobre todo, muy natural. En este sentido me daba cuenta de que Cristian tiene unos deseos muy claros para lo que busca en su vida. Pero había algo que me incitaba a preguntarle algo referente al futuro, pues no es suficiente querer ser sacerdote, sentir un llamado y querer ir a otros lugares, habiendo algo más que compartir por los hermanos africanos; de tal modo que hice una tercera pregunta: “Y si fueras ya un misionero, ¿qué harías por la gente y qué le pedirías a Dios para poder hacerlo?”. En su sencillez me respondió: “Espero que la gente que se acerque a mí se vaya más cerca de Dios, acrecentar su fe y que no la pierda, que crean en un Dios vivo. Yo le pido a Dios que me fortalezca, que me siga llamando a servirle hasta que me llame a la vida eterna; yo le pido que invite a más jóvenes a su viña, que llame a más vocaciones y que cuide de mí y de mi familia”.

En mi experiencia como promotor vocacional, cada conversación y cada entrevista con los jóvenes que quieren aclarar el llamado de Dios en sus vidas me deja una visión panorámica de cómo el Señor, a su modo, en su propio estilo y en diferentes tiempos, va llamando cariñosamente a cada uno de los que Él quiere en su servicio. A mí me llamó a los 18 años y sé de otros que han sido llamados incluso a la edad de 30. Lo que descubrí en esta entrevista es que cuando el joven Cristian (quien por cierto ya se encuentra en el Seminario Menor, junto con otros muchachos que comparten el mismo ideal misionero) cuente algo acerca de la vocación que ha recibido, seguramente estará renovando estos deseos, anhelos y expectativas por ser sacerdote misionero que acerque a Dios las vidas de muchos que aún no lo conocen.

Hace tiempo le pedí a Cristian que me permitiera narrar algo de esta conversación. Él gustosamente ha accedido a compartirme en esta entrevista algunos detalles de su vocación y, a su vez, contando con su generosidad, he querido mostrarles, queridos bienhechores, el ideal que muchos jóvenes aún tienen por seguir a Cristo en las Misiones, como buenos sacerdotes enviados del Padre.

Los invito, Padrinos y Madrinas, a seguir orando por todos los jóvenes del mundo, especialmente por aquellos que han escuchado un llamado especial en sus vidas para seguir a Dios y servir a sus hermanos en este bendecido estilo de vida. Sus ahijados rezamos por ustedes también.

Cuando terminamos nuestra charla, le pedí a Cristian que escribiera un mensaje a los muchachos y muchachas del mundo, y a continuación se los compartimos: ¡Animo, joven, ven, acércate y vive la experiencia que nunca olvidarás!

2014, agosto, pastoral vocacional