María de la Luz Tejeda Carvajal, ex MLA

María de la Luz Tejeda comparte algunas de las experiencias que tuvo en la Misión de Guatemala años atrás, durante el tiempo que nos apoyó como Misionera Laica Asociada a MG.

2014, octubre, bienhechores

“Ya llegan tus constructores,

levanta tus ojos y mira a tu derredor”

(cfr. Is 49,17-18)

Hace varios años fui enviada a Misión en La Antigua, Guatemala, un lugar que, como su nombre lo indica, es un antiguo sitio colonial donde se dejan ver las calles empedradas, casas grandes con techos de lámina a dos aguas y adornadas con flores; la gente aún se pasea o se sienta a descansar por las tardes en el parque central; la mayoría de sus iglesias, en ruinas antes, han sido restauradas y se nota que fueron hermosas en su época de esplendor.

En este hermoso lugar presté un servicio desde mi profesión. No hay nada mejor para un arquitecto admirador del arte colonial que encontrarse en un sitio como aquel; se pensará que no hay mucho que hacer, pero yo les digo: es donde más trabajo hay.

Uno de los primeros trabajos en los que apoyé fue la colocación de una gran pintura, cuya medida aproximada era de 12 metros cuadrados, dentro de la iglesia. Posteriormente, colaboré en la ampliación de una parte de las Obras Sociales del Santo Hermano Pedro, que se dedican al cuidado de personas necesitadas.

El lugar donde se encontraban las instalaciones era un edificio reconstruido que fue el hospital nacional hasta 1976, año en que hubo un terremoto que convirtió en ruinas gran parte del mismo; tiempo después, un fraile franciscano lo pidió a las autoridades para albergar una gran cantidad de enfermos especiales. Hoy en día es una obra enorme y asombrosa que alberga a 287 pacientes crónicos, impedidos física y mentalmente; además, atiende a una población externa de aproximadamente 176 mil pacientes, ¡todo un mundo de gente! La ampliación realizada fue por la necesidad de albergar a algunos sacerdotes enfermos y jubilados; se construyeron seis habitaciones con servicio sanitario.

También colaboré en el proyecto Katán, que consistió en la construcción de un sitio para alojar un incinerador de desechos hospitalarios contaminantes. Este proyecto fue creciendo hasta convertirse en una obra de gran tamaño que necesitaría de personal especializado, lo cual significó una bendición para la creación de empleos. Además,  fue un proyecto de gran ayuda para las Obras Sociales, debido al costo que tiene quemar el desecho hospitalario. Este proyecto cuenta también con un cuarto de refrigeración en el que se pueden almacenar desechos con riesgo de descomponerse y contaminar; un estacionamiento; un área de descarga de basura, y los servicios sanitarios correspondientes.

Por otra parte, en el año 2007 nos dimos a la tarea de buscar terrenos para la construcción de viviendas de interés social para los empleados. En noviembre se entregaron las seis primeras casas a familias que habitaban viviendas rentadas y que tenían pocos recursos económicos para construir. Cabe mencionar que una organización estadounidense llamada “Hábitat para la humanidad” proporcionó los recursos económicos para adquirir el terreno y construir esas primeras viviendas; el apoyo mutuo entre “Hábitat” y Obras sociales hizo posible la realización del sueño de varias familias guatemaltecas. Estoy contenta por haber contribuido a esa felicidad.

2014, octubre, bienhechores

Con el trabajo de construcción y la búsqueda de terrenos económicos y apropiados para viviendas dignas, tuve la oportunidad de conocer más lugares, analizar la realidad de las personas, adentrarme más en su cultura y costumbres, y diseñar sus viviendas de acuerdo a sus necesidades y deseos.

Hubo además otras personas que me pidieron asesoría para la ampliación de su vivienda, lo cual les proporcioné con mucho gusto. En ocasiones no alcanzaba el tiempo para recorrer los terrenos que nos ofrecían y las casas que necesitaban ser reconstruidas, ampliadas o remodeladas, pero creo que lo que más valoraban los empleados era el apoyo económico y la asesoría que se les brindó, pues para ellos adquirir un compromiso de ese tipo era casi imposible debido a la situación económica en que se encontraban y a los compromisos familiares que tenían. Por otra parte, el resultado que se les entregaba era una vivienda digna cerca del lugar donde trabajaban.

2014, octubre, bienhechores

Aquella ayuda a los sin techo fue otra obra de Dios, de la cual Él me hizo partícipe y acepté con mucho gusto, pues no hay nada mejor que colaborar para dar alegría y felicidad a personas que nunca habían soñado con tener algo propio.

Pido a Dios, nuestro Señor, y a la Santísima Virgen de Guadalupe que los colmen de bendiciones y los llenen de dones, no sólo materiales, sino también espirituales, pues éstos son los mejores que podemos adquirir.