P. Adolfo Fermín Parra G., MG

El P. Fermín Parra comparte su experiencia en el campo misión que realizó en diciembre pasado en poblados mazatecos de Oaxaca.

Soy Fermín Parra, sacerdote Misionero de Guadalupe, y quiero compartir con cada uno de ustedes, nuestros queridos lectores de Almas, que haber colaborado en el equipo de formadores de nuestro Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras por dos años, de 2012 a 2014, acompañando a los alumnos del Curso Introductorio al Seminario de Misiones, me transformó gracias a las muchas experiencias que viví con los seminaristas y el Pueblo de Dios.

Quiero compartirles en particular mi vivencia en el campo misión de Navidad realizado en diciembre de 2013 en la comunidad parroquial de Mazatlán Villa de Flores, Prelatura de Huatla, en Oaxaca. En esta comunidad trabajan los Misioneros Josefinos, y con ellos fue posible llegar a las comunidades de la sierra, teniendo como centro la localidad de Soyaltitla.

Ocurrieron muchas peripecias y muchas sorpresas para llegar hasta allá, y para mí fue toda una aventura misionera, pues por primera vez caminé por esos rumbos donde las nubes bajan y parece que tocamos el cielo; donde hay muchas veredas sin letreros y un paisaje precioso que la montaña nos regalaba a los misioneros.

Pero la montaña tenía más sorpresas y me ofreció una manera diferente de ser sacerdote: llena de devociones, flores y ceras, cantos nuevos, la lengua mazateca, el esfuerzo para subir y bajar por largas distancias llevando el anda de los peregrinos –san José y la Virgen María–, las mañanas con los hombres de la comunidad en el hogar que recibiría la posada, para preparar el pesebre mientras las mujeres preparaban los alimentos.

Para mí no fue nada fácil y por lo menos una vez resbalé en una vereda lodosa por la lluvia, mientras los niños que nos acompañaban reían con fuerza. Todo esto me hizo pensar en nuestros seminaristas, que quizás sufren cosas similares… ¡Pero este es el camino de la formación para llegar a ser un día misionero entre los no cristianos, como es el carisma de Misioneros de Guadalupe!

2014, octubre, Nuestros artículos

Quiero comentarles una experiencia muy particular durante este campo misión de Navidad. Un día eran como las 11 de la mañana y estaba sentado afuera de la capilla en Soyaltitla, contemplando una gran cantidad de gente mayor que recibía la ayuda económica gubernamental por medio de un programa de asistencia. En un momento me acerqué a saludar e intenté platicar con ellos, pero no fue posible pues hablaban más mazateco que español. Sin embargo, se acercaron dos mujeres de más de 70 años y me pidieron que fuera a visitar a su mamá, a quien por su avanzada edad le resultaba imposible ir a la capilla.

Quedé sorprendido y fui, acompañado por los seminaristas y algunos jóvenes de la comunidad, a visitar a aquella anciana mujer, que estaba en lo alto del cerro y nos esperaba vestida con su traje típico y sin zapatos, unas enormes trenzas tejidas con listones coloridos que hacían juego con su vestido blanco y bordado. Al estar ahí, ella sonreía y nos decía frases en mazateco. ¡Cuánta emoción sentí como misionero! Ella recibió el Sacramento de la Confesión y la Sagrada Comunión, y los misioneros cantamos y rezamos junto a una mujer de más de 100 años.

Pensé que ese era mi regalo de Navidad, pues aquel encuentro nos regaló a Jesús. Luego bajamos felices del cerro por haber escuchado la voz de Dios cuando las hijas de aquella anciana nos pidieron ir a verla. Con esta visita aumenté mi fe y me encontré con nuestra Madre del cielo.

No he vuelto a la montaña pues fui nombrado a la Misión de Corea del Sur, pero sé que Dios está allá. Mons. José Armando Álvarez Cano, Prelado de Huatla, nos trató con mucha amabilidad a un servidor y a los seminaristas.

¡Gracias, Padrinos, por apoyarnos a llevar una buena Navidad a nuestros hermanos de la sierra! Me encomiendo a sus oraciones.

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