P. Ignacio Flores G., MG

Estimados Padrinos y Madrinas de Misioneros de Guadalupe, quiero compartir una vez más una muestra de los frutos con los que nuestro Señor bendice el trabajo de evangelización que realizamos a través del Centro de Orientación Vocacional (COV). A continuación les dejo una carta enviada por nuestro compañero Marcelino G. S. 

La vida en ocasiones nos llena de sorpresas y para mí la más maravillosa es haber conocido el Centro de Orientación Vocacional (COV) de Misioneros de Guadalupe, lo que ha marcado mi vida. 

Hace algunos años nació en mí la inquietud de conocer a Dios más a fondo, seguirlo y ofrecerle mi vida. En el transcurso de este proceso me vi en serios problemas que llenaron mi vida de obstáculos y pruebas, incluidas algunas dificultades en mi parroquia, por lo que tuve que abandonar mi sueño de seguir a Dios. Con el paso del tiempo mi vida no era la misma. Los problemas que tuve, la prueba que enfrenté, me llenó de tristeza pues me sentía solo, sin el apoyo de nadie. 

Un día publiqué, en una de las redes sociales (Facebook), mi sentir por lo que estaba pasando. Ahí conocí a César Fernando, un seminarista de Misioneros de Guadalupe, quien me invitó a conocer el COV. Aquello fue para mí como una “buena nueva”, pues había llegado a creer que Dios se había olvidado de mí y que, a pesar de pedirle llorando que regresara a mi vida, nunca volvería a estar a mi lado. 

2014, octubre, Pastoral vocacional

Con total desconfianza ya que no sabía nada del Seminario de Misiones, me encaminé a lo desconocido para seguir el nuevo camino que Dios tenía para mí. Al principio tuve miedo, pues no sabía a dónde me dirigía, pero al ver el seminario me sentí en confianza. En el COV conocí a varios compañeros y traté de llevarme muy bien con todos ellos. Tras cada reunión comencé a sentir que estábamos más juntos y que formábamos una gran familia. 

Continuar en el COV no ha sido nada fácil, pues, al vivir lejos, ir a las actividades cuesta mucho más, económicamente hablando. Pero estoy seguro de que vale la pena, pues mi vida, en mi casa y en todo mi entorno, he tenido un cambio. De las actividades del COV me llevo valores que me hacen crecer más como persona. Así mismo, al convivir con personas que tienen mi mismo deseo de servicio, me lleno de confianza. 

Hasta el día de hoy siento que estar en el COV es una de mis mejores y más maravillosas experiencias en el proceso de discernir la vocación. ¡Jamás creí que existiera un lugar así, donde ayudan, apoyan y, sobre todo, fortalecen la fe cuando hay más dudas! Me llena de orgullo pertenecer a este lugar, donde se interesan por la vocación de los demás. El trato que me han brindado hasta hoy ha sido sensacional; esto lo hace único y mejor, pues predican el amor a Dios con el ejemplo y el corazón; aman al hermano como a uno mismo. 

2014, octubre, Pastoral Vocacional

He escrito lo que siento, lo que me agrada, lo que me llena y me ha ayudado a reconocer la grandeza de Dios y a tener claro que, a pesar de todo, Él es nuestro Padre que nunca nos abandona.