Bautismo y Primera Comunión a los 83 años

P. Daniel Panduro F., MG

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El P. Daniel Panduro comparte sus primeras experiencias en la Misión de Angola.

En enero llegué a la Misión de Angola, después de haber compartido la Palabra de Dios en México y Cuba. Tras un período de adaptación al idioma portugués y un conocimiento general de las lenguas locales (que son muchas), así como de la cultura angolana, he podido conocer las parroquias que atendemos los Misioneros de Guadalupe en este país: Caxito, Catete y Cahama.

Algunas parroquias atienden 30, 40, 50 o hasta más comunidades, y muchas veces hasta más de 100 kilómetros a la redonda. Uno de los primeros regalos misioneros ha sido celebrar Misa en algunas de esas aldeas alejadas de la cabecera parroquial. Parece increíble, pero es cierto: para llegar ahí hay que recorrer distancias muy grandes, con caminos muy difíciles de transitar. En tiempo de lluvia es casi imposible acercarnos, y los habitantes de esas zonas quedan totalmente incomunicados.

Tuve la dicha de estar en la comunidad de Icau, perteneciente a la Parroquia de Caxito, ubicada a 22 kilómetros de distancia en camino de terracería. Su fiesta patronal es la Santa Cruz. No hay escuela, ni dispensario médico, ni agua, ni luz. En verdad uno se pregunta ¿de qué viven? Pero lo más sorprendente es que tienen un deseo grande de celebrar su fe.

El Padre Miguel Ángel Hernández R., MG, me comunicó que iría a celebrar la Misa de algunos bautizos y una Primera Comunión en esa comunidad. Yo estaba lleno de alegría porque serían mis primeros bautizos en Angola. Me acompañaron algunos catequistas de la parroquia y dos jóvenes aspirantes a la vida religiosa.

Al llegar a la comunidad, la primera reacción fue preguntar: “¡¿Está es una capilla?!”. Estaba formada sólo de carrizos y muy arruinada, a punto de caerse. Ahí dentro fácilmente estábamos cerca de 50 personas. Muchos niños, pocos jóvenes y muchas mamás; alguno que otro papá o padrino de los que se bautizaban ese día.

Cuando empecé a nombrar a quienes se bautizarían y ubicaba a sus papás y padrinos, vi a una persona mayor que se acercaba junto con una niña. Pregunté: ”¿Dónde está la que se va a bautizar?, y la abuelita, llamada Dominga Rafaela, me dijo: “Soy yo, Padre”. ¡Era ella la que se bautizaría y recibiría su Primera Comunión!

Le pregunté su edad y algunos miembros de la comunidad respondieron muy orgullosos: “¡Tiene 83 años!”. A esa edad recibía la gracia de Dios por los sacramentos del Bautismo y la Primera Comunión. Su alegría, como la de su comunidad, era grande.

Pregunté a algunos de sus familiares por qué no se había bautizado antes. Me contestaron que ella es una mujer de Iglesia, muy preocupada para que sus hijos y nietos recibieran la gracia de Dios; pero ella no había podido hacerlo porque la guerra civil en el país no permitía acercarse a las capillas. La familia pertenecía a una comunidad vecina y tenía que caminar algunos kilómetros; con su edad avanzada no la podían llevar a la catequesis.

La Hermana Teresita, religiosa angolana, fue quien, junto a sus jovencitas aspirantes, se dedicó a dar catequesis para que Dominga Rafaela recibiera los sacramentos. Así, una docena de niños unidos a la abuelita alegraron la fiesta en la comunidad. Todos daban gracias a Dios porque se incorporaban nuevos miembros a la Iglesia con la gracia de los sacramentos.

Este ha sido el inicio de muchas bendiciones que poco a poco voy recibiendo en mi caminar por este país africano, que día a día abre su corazón para que la Palabra de Dios le dé fortaleza, amor y mucha esperanza para sobrellevar tanta necesidad material y espiritual.

Unámonos con nuestros hermanos, que siempre esperan una mano amiga que les acompañe, les oriente y les hable de Dios. ¿Quizás tú puedes ser uno de ellos? No tengas miedo y dile “Sí” a Jesús. Si Él te llama, no te dejara solo.