Editorial, Conservemos la esperanza

Cada 2 de noviembre los cristianos conmemoramos a todos los difuntos. Por ello, en la revista Almas invitamos a nuestros lectores a reflexionar sobre la mirada cristiana respecto a la muerte.

La conmemoración de los fieles difuntos debe centrarse en revivir el recuerdo de los seres queridos que nos han precedido en el encuentro con nuestro Señor. Debemos dar gracias a Dios por el regalo de la vida, por permitirnos compartirla con esos seres que ya no están con nosotros, y recordar que la muerte también es parte de la existencia.

Por nuestra fe, a lo largo de nuestras vidas, debemos ser discípulos de Jesús, vivir según sus enseñanzas, promover los valores que nos enseñó para nuestra salvación. Al sumergir nuestra vida en el estilo de Jesús, en su misión, en los motivos de su Pasión y su Muerte, nos aseguramos que estaremos a su lado por la eternidad.

Jesús murió, experimentó la muerte y después resucitó. Él nos dijo que nuestro Padre nos espera después de nuestra estancia terrestre. Jesús es la vida que puede más que la muerte. Él afirmó que su deseo es que estemos a su lado. Por eso los invitamos a celebrar a los difuntos con una memoria feliz y agradecida. Hay que aprovechar al máximo nuestra vida y vivir a la manera de Jesús para que nuestra existencia se llene de vida. Así, cuando seamos llamados por Dios para estar a su lado, llegaremos con la paz de saber que la vida no termina, que nos aguarda la eternidad al lado de nuestro Padre y nuestros seres cercanos.

Esta es la esperanza que nos vino a entregar Jesús. Porque la vida sin esperanza carecería de sentido y en fiestas como la de este mes, lejos de entristecernos, recordamos y nos apoyamos en nuestra fe. Extrañamos a quienes ya no están en este mundo con nosotros, pero sabemos que no han desaparecido, que están ahí, aguardando el momento de su encuentro con nosotros, rodeados de la gracia del Señor.