En este sacramento se fortalece y se completa la obra del Bautismo con el don del Espíritu Santo.

Sacerdote otorgando la confirmación

Naturaleza

El sacramento de la Confirmación es uno de los tres sacramentos de iniciación cristiana, como su nombre lo indica; Confirmación significa “afirmar” o “consolidar”.

El Nuevo Testamento nos narra la forma en que los apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, imponían las manos para comunicar el don del Espíritu Santo, destinado a complementar la gracia del Bautismo. “Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran al Espíritu Santo, pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; úncamente habían sido bautizados en nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían al Espíritu Santo” (Hch 8, 15-17; 19, 5-6).

En los primeros siglos de la Iglesia muchísimas personas, que habían recibido el Bautismo y se habían convertido al cristianismo, fueron perseguidas hasta darles muerte, sobretodo en el mundo dominado por el imperio romano. Se cuentan miles de mártires de la fe –lo cual había sido anunciado por Jesús en el Evangelio según san Marcos (13, 9-13)–.

Sin embargo, también fueron muchos los nuevos fieles que, ante la amenaza de ser torturados o ejecutados por su fe en Cristo, sucumbieron a la tentación y abandonaron voluntariamente la fe que apenas hacía poco habían abrazado. Algunos también lo hicieron por miedo a perder sus bienes, y otros más lo hicieron por las promesas de dinero y favores de parte de los gobernantes. A todas estas personas que por las buenas o por las malas abandonaron su fe se les llamó “apóstatas”.

Es probable que de esas circunstancias haya nacido en la Iglesia la necesidad de pedir a los nuevos cristianos que, después de un tiempo razonable en el que demostraran su sincera conversión al cristianismo (a través de las pruebas y persecuciones de que eran objeto por parte de los enemigos de la fe), consolidaran, es decir, confirmaran, su adhesión a Cristo mediante un signo sensible.

En el Sacramento de la Confirmación se fortalece y se completa la obra del Bautismo. Por este sacramento, el bautizado se fortalece con el don del Espíritu Santo. Se logra un arraigo más profundo a la filiación divina y se une más íntimamente con la Iglesia, con lo cual cada nuevo fiel se fortifica para ser testigo de Jesucristo, de palabra y obra; por él es capaz de defender su fe y de transmitirla.

A partir de la Confirmación nos convertimos en cristianos maduros y nos comprometemos llevar una vida cristiana más perfecta, más activa. Es el sacramento de la madurez cristiana, que nos hace capaces de ser testigos de Cristo.

En el día de Pentecostés –cuando se fundó la Iglesia– los apóstoles y discípulos estaban temerosos. De repente descendió el Espíritu Santo sobre ellos, quedaron transformados, y a partir de ese momento entendieron todo lo que había sucedido, dejaron de tener miedo, se lanzaron a predicar y a bautizar. La Confirmación es “nuestro Pentecostés personal”.

El Espíritu Santo actúa continuamente sobre la Iglesia de modos muy diversos. La Confirmación –al descender el Espíritu Santo sobre nosotros– es una de las formas en que Él se hace presente en el Pueblo de Dios.

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Institución

El Concilio de Trento declaró que la Confirmación era un sacramento instituido por Cristo, ya que los protestantes lo rechazaron debido a que, según ellos, en el Evangelio no aparecía el momento preciso de su institución.

Sin embargo, sabemos que fue instituido por Cristo, porque sólo Dios puede unir la gracia a un signo externo. Además, en el Antiguo Testamento encontramos numerosas profecías acerca de la acción del Espíritu que se llevarían a cabo en la época mesiánica, y en el Nuevo Testamento también hallamos el propio anuncio de Cristo acerca de una venida del Espíritu Santo para completar su obra. Estos anuncios nos indican un sacramento distinto al Bautismo.