2014, diciembre, editorial, navidad

La nuestra parece ser una era de desesperanza día a día. Es normal que pensemos que algo falta en nuestras vidas: una mejor casa, un mejor trabajo, una mejor salud, un mejor gobierno, una mejor educación, etc. Vemos que en el mundo sigue habiendo guerras, que las familias se separan, que los seres humanos no han aprendido a convivir unos con otros. Y año con año llega la época navideña, el tiempo en que nos felicitamos y nos abrazamos a pesar de todos aquellos problemas y necesidades.

No es iluso celebrar el nacimiento de Cristo, muy a pesar de las limitaciones que sufrimos en nuestra vida diaria, muy a pesar de la presencia del mal en el mundo y muy a pesar de que para mucha gente la Navidad tiene un significado erróneo, puramente comercial.

Los cristianos debemos recordar y decirle al mundo que el nacimiento de Cristo nos trajo la Buena Nueva de reconciliación y esperanza.

Jesús, como hombre, también se enfrentó a las dificultades sociales, económicas, políticas y religiosas propias de su época, que no son tan distintas de las nuestras. Fue una persona humilde y sencilla, pero también era Dios hecho hombre y con Él se inaugura un tiempo nuevo. Gracias a Él tenemos luz en el mundo y aprendimos el significado del perdón, la misericordia, la reconciliación, la fraternidad… El nos mostró el gran amor de Dios hacia los hombres y nos pidió que diéramos ese mismo amor a nuestros semejantes, pues es el mayor valor que existe en nuestras vidas.

Por eso cada año tiene sentido recordar su nacimiento y felicitar a nuestros hermanos, porque con su vida Jesús nos brinda lo más importante: salvación, fe y la esperanza de que podemos construir el Reino de Dios en la tierra. Cada año tiene sentido establecer nuestros propósitos para llegar a ser mejores personas, cristianos y discípulos de Cristo, para vivir según sus enseñanzas y llevar el mensaje de que Dios está con nosotros a quienes más lo necesitan. ¡Feliz Navidad!