P. Antonio de J. Mascorro T., MG

 El P. Antonio Mascorro comparte una experiencia de inculturación en la Misión de Kenia.

En los primeros versículos del capítulo 2 del Evangelio escrito por san Lucas se narran las dificultades que enfrentaron María y José para encontrar posada en Belén después de un largo peregrinar desde Nazaret. A pesar de que María estaba por dar a luz todas las puertas permanecieron cerradas; no hubo un lugar para ellos en la ciudad de David, por lo que el nacimiento del Salvador tuvo que ocurrir en un humilde establo o una cueva.

Contrario a esta narración, el año pasado los pastores de Lalaker y Oloilale, comunidades donde tuvimos una experiencia pastoral del Centro de Formación en África (CFA), recibieron con entusiasmo la noticia de la visita de José y su esposa María, y su hospitalidad se desbordó de generosidad.

¿Cómo se dio la visita? Todo inició al tratar de promover la inculturación. Fue necesaria una apasionante exploración y después procurar la integración de los símbolos que el nacimiento de un niño tiene en la comunidad maasai para hacer una conexión con nuestra fe y explicar a la gente el nacimiento de Jesús.

Desde un inicio los fieles abrieron su corazón y decidieron construirles una boma (casa) a José y María con todo lo necesario para que naciera Jesús. Cada detalle se preparó de la mejor manera, pues para los maasai las visitas siempre traen bendiciones, ¡y qué decir cuando se trata de alguien tan especial como el mismo Hijo de Dios, que aquella Navidad estaría con ellos!

2014, diciembre, nuestros articulos, P. Antonio Mascorro, maasai, Kenia, África

Bastó que se decidiera el lugar que ocuparía la boma para que la comunidad se pusiera manos a la obra. Al tiempo que se construía lo necesario, se aprovechaba para continuar con la catequesis. ¡Realmente fue un adviento festivo! Resultó sorprendente ver el entusiasmo que mostraban las señoras, quienes cantaban alegremente mientras construían la boma para María. Tratando de cuidar hasta el mínimo detalle, colocaron también un petate como cama y las piedras que albergarían el fuego en el centro de la choza; trajeron tazas, platos y algunos otros utensilios, pues decían que tenía que ser una boma real.

En el momento de la celebración únicamente tres mujeres estaban dentro de la boma: la que fue elegida como María, una de las mamás más jóvenes de la comunidad, junto con su bebé; la más anciana, quien ayudaría en el parto; y la del servicio, a quien correspondió encender y atizar el fuego, preparar el té, asistir a la mamá y, finalmente, anunciar a la comunidad la Buena Nueva del nacimiento de Jesús entre los maasai.

Cuando la anciana simulaba cortar el cordón umbilical con una pequeña navaja que normalmente se usa en esas ocasiones, el niño lloró y la escena se llenó de realismo. Después el bebé fue colocado en los brazos amorosos de su madre y la encargada del anuncio colgó un zapatito de niño en la entrada de la puerta, con lo que indicaba el sexo del recién nacido; luego salió gritando y cantando con júbilo, dirigiéndose hacia los cuatro puntos cardinales para que el viento se encargara de hacer llegar la noticia a todas partes. De inmediato hubo respuesta: niños y mujeres empezaron a llegar veloces para unirse a la celebración y dar la bienvenida a la vida expresada en ese niño.

2014, diciembre, nuestros articulos, P. Antonio Mascorro, maasai, Kenia, África

Yo me encontraba a unos cien metros de distancia, acompañado por quien interpretó a José y el resto de los hombres de la comunidad. Por los cantos tradicionales de las mujeres y los niños sabíamos ya que había sido un varoncito, por lo que comentamos alegres la noticia.

Después me acerqué hasta la boma junto con el catequista para iniciar  la procesión. Sin dejar de cantar entramos a la capilla para celebrar la Eucaristía y al momento de la homilía traté de aprovechar todo el simbolismo que se había expresado con la representación. Creo que el nacimiento de Jesús fue entendido y celebrado con una profundidad que no había visto anteriormente (claro, se estaba usando el lenguaje propio de la comunidad).

Al terminar la Misa seguimos agradeciendo a Dios por permitir que su hijo viniera a habitar entre nosotros. Mientras comíamos la carne asada y el arroz blanco, todos comentaban festivamente y con agrado la manera en que se organizó la celebración.

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