P. Héctor Díaz F., MG

El P. Héctor Díaz narra la historia de una mujer que ofreció a su hijo a Dios.

“Padre, voy a ir a visitarlo, pero no voy sola, me acompaña María, que también quiere verlo. ¿Cuándo podemos ir?”, me preguntó una vieja conocida. Después de mirar mi agenda, le propuse el día.

A las dos mujeres las conocí durante mi trabajo pastoral; ambas son católicas muy fieles y activas. Hacía más de un año que no las veía. Sobre todo en el caso de María, admiraba su fe y su espíritu de oración, el cual mostraba a todas horas en su modo de ser callado y en su entrega en el trabajo. Ella era, además, una mujer muy inteligente cuyo modo de ser me llamaba tanto la atención que una vez incluso le pregunté si le gustaría volverse religiosa. Al ver su reacción callada, agregué: “Una religiosa de una orden contemplativa”. Entonces su respuesta fue instantánea, segura y simple: “Sí”.

Después a mí me nombraron a un nuevo lugar de trabajo y dejé de verla. Supongo que ella comentó el asunto de su vocación con sus padres, porque no sólo no la dejaron, sino que la casaron lo más pronto que pudieron. Seguramente ellos ya tenían planes al respecto, porque todo sucedió con gran rapidez.

Pero de eso había pasado ya algún tiempo y ahora esperaba la visita de aquellas dos fieles con gran expectativa. Cuando por fin llegaron, nos saludamos alegremente. María traía cargando a un niño de menos de dos años y me lo puso en los brazos. ¡El niño no lloró!, cosa extraña, pues la mayoría de los niños de esa edad lloran asustados al ver una cara extraña, diferente a la de los coreanos.

2014, diciembre, nuestros artículos, P. Héctor Díaz, Corea

Después de comer, los llevé a visitar la Parroquia de Sorokto, que hace varios años visitó el ahora santo Juan Pablo II. Antes de entrar, María se me acercó con su niño en los brazos y me dijo: “Padre, bendice a mi niño. Ya se lo ofrecí a Dios para que sea sacerdote si Él lo desea”.

Entendí a María. Ella no pudo ser religiosa, pero ahora ofrecía a Dios un hijito para que Él lo eligiera como sacerdote.

2014, diciembre, nuestros artículos, P. Héctor Díaz, Corea

En la iglesia todavía está la silla donde se sentó san Juan Pablo II. Yo tomé al niño y lo senté allí, mientras le pedía al nuevo santo que lo ayudara a ser sacerdote. Les di mi bendición al niño y a su mamá, y les tomé una foto justo en esa posición: el niño sentado en esa singular silla y María de pie, a su lado.

También pedí interiormente a Dios por nuestros Padrinos, que con su ayuda y oraciones nos sostienen en nuestro trabajo, y pedí además que entre ellos haya muchos papás que, como María, ofrezcan a Dios a sus hijos e hijas y le pidan que los escoja como sacerdotes y religiosas, para bien de ellos, de la Iglesia y del mundo.

2014, diciembre, nuestros artículos, P. Héctor Díaz, Corea