P. Ignacio Flores G., MG

Una tarde en las oficinas del Centro de Orientación Vocacional (COV) en la ciudad de México, el sonido del teléfono me anunció la llamada de un joven que solicitó hablar con un sacerdote para pedir informes sobre cómo ser misionero. La recepcionista detallaba que el joven era originario de Querétaro y respondía al nombre de Héctor. Héctor me saludó y, después de una breve presentación mutua, me solicitó los requisitos para ingresar al Seminario de Misiones. Como es costumbre le pregunté su edad y algunos datos específicos para tener un panorama más amplio de él y sus intereses vocacionales. También le pregunté por sus estudios, ya que es importante conocer el estatus académico de los candidatos al seminario. Finalmente le pregunté cómo nos había conocido. El muchacho me respondía con mucha confianza y en la última cuestión me dijo que estaba comunicándose a través de los datos que ofrece la revista Almas. En la contraportada de algunos ejemplares había visto los datos telefónicos desde hacía tiempo, pero apenas había decidido llamar.

2014, diciembre, Pastoral Vocacional, P. Ignacio Flores

A sus 16 años Héctor cursaba primer año de bachillerato y su vida cristiana en la parroquia era muy activa, por ello le interesaba hacer un servicio más grande y se sentía atraído por el sacerdocio, sobre todo en tierras lejanas. Lo invitamos a nuestras reuniones mensuales y, en la medida de sus posibilidades, él comenzó a participar de los encuentros. Recuerdo muy bien que desde la primera reunión Héctor se integró rápidamente al grupo de muchachos que ya habían empezado su acompañamiento, y era sorprendente ver su capacidad de adaptación y la forma en que hacía amistad con todos.

Al final de aquella reunión, en una entrevista que tuvo de forma personal con cada uno de los Padres, expresó su gusto y empatía por el COV. A nosotros, seminaristas y Padres, se nos hizo muy interesante que el joven se identificara con los Misioneros de Guadalupe, ya que expresaba ser un seguidor de las Misiones y era un Padrino que leía la revista que ahora, estimados lectores, también tienen en sus manos.

2014, diciembre, Pastoral Vocacional, P. Ignacio Flores

Como el resto de los muchachos, siguió participando dentro de su comunidad parroquial a la par de realizar estudios, convivir con los amigos, etc. Llegado el tiempo de ingresar al seminario le sugerimos que terminara sus estudios de preparatoria y que continuara contactándonos a través del COV de vez en cuando, en ciertos momentos clave del curso. Él nos respondió que se sentía listo y con ganas de dejarlo todo por seguir a Cristo en la vida misionera, y estaba dispuesto y listo para ir al Seminario Menor. Esto lo confirmaron sus papás en una visita que realizamos en su casa; ellos apoyaban a su hijo y Héctor se aventuró a conocer más el proyecto de Dios en su vida mediante la entrada al seminario, donde su renuncia, como la de muchos de nosotros, sus ahijados misioneros, se ve recompensada con otras tantas bendiciones.

Estimados Padrinos, el seguimiento de Jesús implica una renuncia en muchos aspectos de la vida, pero puedo asegurarles que no es para deshacerse de aquello que queremos, sino para recuperarlo más tarde en la bendición de Dios. Si esto no fuera así, ¡no me atrevería a invitar a los muchachos de nuestro mundo a dejarlo todo por Cristo!

2014, diciembre, Pastoral Vocacional, P. Ignacio Flores