La piedad web

El primer día de cada año los católicos del mundo celebramos no únicamente el Año Nuevo, sino también la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial de la Paz.

Por una parte, contemplamos la maternidad de María y, con ello, su figura ejemplar de obediencia y confianza en la voluntad divina. María es nuestro modelo de evangelización. María es quien nos acompaña en el encuentro hacia su hijo, Jesucristo. María es también la madre que nos acoge a todos en su seno, quien nos acompaña en cada paso que damos en nuestro caminar en esta vida. Es por medio de su intercesión que podemos alcanzar la felicidad que vino a ofrecernos nuestro salvador, su Hijo.

Por otra parte, la Iglesia, en la figura de Su Santidad, año con año envía un mensaje de aliento a los fieles de todo el mundo; un mensaje a favor de la paz y la fraternidad, cuyo trasfondo es precisamente el mismo mensaje de amor que vino a entregarnos Jesucristo en nombre de nuestro Padre.

El Año Nuevo siempre nos significa un momento en el que reinan los buenos própositos, cuando nos comprometemos en mejorar lo que podamos mejorar de nosotros mismos y procuramos encaminarnos hacia nuevas brechas que nos conduzcan lejos de los errores que hemos cometido en el pasado, con la idea de acercarnos más a la felicidad que Dios desea para nuestra vidas.

Por todo lo anterior, en Almas queremos invitar a nuestros lectores a que reflexionen sobre su actuar, se dejen guiar por el ejemplo de nuestra Madre y renueven la promesa de vivir cada vez más a la manera de Jesús. Esperamos que este año que inicia sea un periodo de reconciliación con nosotros mismos y con nuestros semejantes. Deseamos de todo corazón que se concilien las diferencias que separan a nuestro querido pueblo y le provocan tanto sufrimiento. Está en las manos de cada uno de nosotros trabajar por este propósito, que a final de cuentas es una obligación como discípulos misioneros de Cristo que nos esforzamos por la construcción de su Reino aquí en la Tierra, en esta época tan difícil que nos ha tocado vivir.