Enero universal

Universal: La paz.

Para que quienes pertenecen a tradiciones religiosas diversas y todos los hombres de buena voluntad colaboren en la promoción de la paz.

Detrás de la violencia en sus diversas manifestaciones (guerra, inseguridad, crimen, etcétera) siempre está la acción del ser humano. Por diversas circunstancias hay personas que utilizan la violencia para alcanzar sus metas e intereses, ya sea porque es una forma fácil de lograr las cosas que no han conseguido con su propio esfuerzo, o quizá porque nunca han conocido otra forma de vida. Sin embargo, es labor de los cristianos de todo el mundo enseñar que otra manera de vivir es posible, al recorrer el mismo camino de Jesús, de acuerdo a sus enseñanzas. Este mes Su Santidad nos invita a orar por la paz en el mundo. ¡Oremos, pero también actuemos por la construcción de un mundo libre de violencia!

Por la evangelización: La vida consagrada.

Para que en este año, dedicado a la vida consagrada, los religiosos y las religiosas redescubran la alegría de seguir a Cristo y se dediquen con celo al servicio de los pobres.

Todos los cristianos tenemos un llamado vocacional para cumplir con lo que Dios espera de nosotros en la Tierra. Y es entre los fieles el lugar donde surgen las vocaciones que habrán de dedicarse con empeño y sacrificio al servicio hacia los demás dentro de nuestra Iglesia. Este mes oramos en favor de todos aquellos hermanos que, con desinterés y llenos de genorosidad, han consagrado su vida a Cristo y conducirse día a día como discípulos ejemplares de nuestro Salvador, para que día con día encuentren en sus actividades los alicientes y los estímulos que los lleven a seguir realizándose en la cooperación hacia los más necesitados.