Universal:
Los encarcelados.

Para que los encarcelados, en especial los jóvenes, tengan la posibilidad de reconstruir una vida digna.

Un hombre mirando hacia el exterior a través de unas rejas.

Dentro de las formas que nuestra sociedad ha encontrado para regular el comportamiento de los hombres se cuenta con la figura de las cárceles. En teoría, esos lugares son ocupados por quienes han mostrado comportamientos que lesionan o atentan contra otros seres humanos. Sin embargo, sabemos que en las prisiones también hay personas que no son culpables de ningún crimen.

Por la razón que sea, todo ser humano tiene derecho a un trato digno y a la posibilidad de reconstruir su vida. Por eso, este mes oramos para que todos aquellos que hoy viven en una cárcel, en particular los jóvenes, encuentren la luz de Cristo que los guíe hacia el camino del bien y puedan rehacer su vida en la libertad que nos ha dado el Creador.

Por la evangelización:
Los cónyuges separados.

Para que los cónyuges que se han separado encuentren acogida y apoyo en la comunidad cristiana.

Sabemos que la familia es la estructura social primigenia e indispensable. Es en el seno familiar donde florece el amor y donde recibimos las enseñanzas más importantes para nuestra vida, incluida la fe. Sin embargo, también es cierto que hay ocasiones en que por algún error los cónyuges llegan a separarse. Esa situación no implica que los padres se desentiendan de la educación y la responsabilidad hacia sus hijos. Del mismo modo, tampoco debe condenarlos al rechazo por parte de sus allegados. Por eso el Papa Francisco nos pide orar para que los cónyuges separados encuentren apoyo entre la comunidad de fieles, para que al pasar por momentos sin duda difíciles encuentren el sostén que siempre nos da nuestra experiencia de fe.