Estimados Misioneros de Guadalupe:

Les comparto este escrito con todo mi amor y con todo el respeto que me merece la fe que tengo en la Santísima Trinidad.

Yo me llamo Ana María A. L. Fui la cuarta hija del matrimonio formado por Rodolfo y Lucía, quienes tuvieron seis hijos. Mi infancia fue feliz, estuve rodeada de amor. La pérdida de mi padre cuando tenía la edad de 9 años la sufrí mucho, pero la dedicación de mi madrecita me ayudó para seguir adelante.

Desde temprana edad trabajé en diferentes partes, pero sin dejar los estudios. A los 14 años entré a trabajar a un cine como encagada de recoger boletos en la puerta, y ya más grande en taquillas; fui muy feliz. Ahí conocí a quien fue mi esposo, un hombre lleno de Dios que me hizo la mujer más feliz. Dios nos dio 12 bendiciones, aunque perdí a cuatro de mis hijos, pero ocho más lograron vivir. Fuimos un poco duros con ellos; mejor dicho, les dimos mucho amor, pero también disciplina.

A los 47 años de casados perdí a mi esposo. Él y yo trabajábamos en vocaciones, fue el trabajo más feliz de mi vida. Desde niña, cuando tenía alguna preocupación, acudía siempre a pedirles consejos a sacerdotes. Gracias a Dios y a ellos he conocido la felicidad. Una vez mi esposo y yo estábamos rezando el Rosario y yo me puse muy mal. Le dijeron que no me salvaría y a partir de eso se enfermó; yo me salvé y él nos duró sólo un mes.

Tengo una enfermedad en mis piernas y sin motivo alguno dejé de caminar. Muchas personas me llegaron a decir: “Mira, Anita, ¡cuando más estabas dedicada en las vocaciones te pasa esto de no poder caminar!”, pero no hice caso y continué con mi fe, que es la misma que tuvo mi madre y que les he inculcado a mis hijos. Y aunque me quedé sin caminar, mi esposo también conservó siempre el mismo amor hacia mí, como cuando estaba bien.

Soy una mujer enamorada de Dios y de las vocaciones, sólo que nunca pude tener un hijo sacerdote. Sin embargo, no soy persona que pierda las esperanzas y pienso que algún día se realice mi anhelo con algún nieto, siempre y cuando sea su verdadera vocación; ¡tengo la dicha de tener 19 nietos y 2 bisnietos!

Desde antes de casarme comencé a recibir mi revista favorita: ¡Almas! Sin embargo, desde que me casé quise que la pusieran a nombre de mi esposo y así la dejé incluso después de su muerte; el día que yo falte espero que alguno de mis hijos siga colaborando con entusiasmo a favor de la Salvación y las vocaciones.

Les ruego que pidan por las almas de todos los Padrinos. También les sugiero a todos los lectores que se enamoren de Dios, de nuestra Madre Santísima de Guadalupe y del mundo entero, no nada más de la familia y de las personas que nos aman; incluso de nuestros enemigos, si pudiéramos tenerlos. En todas mis oraciones están siempre el Papa, los sacerdotes, los religiosos y el mundo entero.

web1


Estimados lectores:

Los invitamos a compartir brevemente con nosotros sus experiencias de fe derivadas de la ayuda que brindan a las Misiones. Pueden escribir al correo electrónico: almas@revistaalmas.com.mx.

Todos los textos serán revisados y, en caso de ser publicados, podrán ser modificados según los criterios de contenido de nuestra revista.