P. Juan José Cortés C., MG

A cinco años de la clausura del Concilio Vaticano II y de que Misioneros de Guadalupe llegara a Kenia, por la gracia de Dios, el 12 de diciembre de 1970 se estableció la entrada oficial del Instituto en la Arquidiócesis de Nairobi, con la erección de la primera parroquia consagrada a Nuestra Señora de Guadalupe en el continente africano. Lo anterior tuvo lugar por voluntad del primer arzobispo africano de Nairobi, después consagrado Cardenal, y ahora Siervo de Dios: Mauricio Miguel Otunga.

En el convenio oficial entre Misioneros de Guadalupe y la Arquidiócesis de Nairobi se estableció que la arquidiócesis proveería de un terreno para que Misioneros de Guadalupe construyera una iglesia consagrada a Nuestra Señora de Guadalupe, con la finalidad de que el pueblo africano también recibiera la protección, el cariño y la ternura prometidos por nuestra morenita celestial del Tepeyac a todo aquel que se lo implorara.

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El primer párroco nombrado fue el P. Norberto López M., MG, quien apoyado por muchos otros Misioneros de Guadalupe se esforzó por llevar a cabo la noble y colosal labor de establecer y dar inicio a aquella meritoria labor evangelizadora, para mostrarlo y darlo a conocer a Él, el Señor de la vida.

Actualmente, su servidor, P. Juan José Cortés Casillas, MG, es el párroco que, apoyado por el P. Eduardo Castellanos Hernández, MG, continúa la tarea evangelizadora en esta parroquia, la cual está en proceso de convertirse en el primer santuario guadalupano en África.

La fundación de la segunda parroquia se dio a mediados de los años setenta y fue consagrada a san Miguel Arcángel. La bendición de la primera piedra se realizó de manera oficial el 26 de noviembre de 1977 y fue nombrado como primer párroco el P. Felipe de Jesús Martínez Navarro, MG, a quien se le asignó la tarea del establecimiento y construcción de la misma.

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En el año 1997 Misioneros de Guadalupe decidió entregar esta parroquia a la Arquidiócesis de Nairobi para que el clero local continuara la siempre necesaria tarea evangelizadora, hecho que se consumó siendo párroco el P. Javier González Martínez, último párroco Misionero de Guadalupe en esa parroquia. La entrega San Miguel se realizó en el marco de un convenio donde los Misioneros de Guadalupe se comprometían a iniciar una nueva parroquia que tomaría parte del territorio de San Miguel, hecho que al año siguiente se verificaría con el establecimiento de la Parroquia de Cristo Rey.

En el año 1998 se estableció la tercera parroquia por parte de nuestro Instituto. En aquella ocasión se escogió el barrio pobre de Kibera y fue consagrada a Cristo Rey, a partir de la Parroquia de San Miguel, como ya habíamos mencionado. El primer párroco nombrado fue el P. Roberto Figueroa Gómez, MG. En esta fundación cabe hacer especial reconocimiento al P. Arturo Arreguín González, MG, por la labor previa que realizó en cuanto a preparación y establecimiento de estructuras parroquiales necesarias. Actualmente el párroco es el P. Carlos Domingo May Correa, MG, quien es asistido por el P. Juan José Asunción Ascencio Franco, MG, y el P. José Guadalupe Martínez Rea, MG.

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A 45 años de presencia de Misioneros de Guadalupe en Nairobi pudimos testimoniar que la Parroquia de Guadalupe había madurado lo suficiente como para dar a luz a la que podría ser la cuarta parroquia de nuestro Instituto en esta arquidiócesis. Esta subparroquia fue consagrada a Nuestra Señora de Lourdes y está ubicada en el mismo barrio marginado de Kibera. También aquí me desempeño como párroco y cuento con la asistencia del P. Eduardo Castellanos. La construcción está en proceso de ser terminada, por lo que pedimos las oraciones y la colaboración de nuestros bienhechores, para que en un futuro cercano se pueda establecer plenamente como una parroquia en la cual seguir mostrando y predicando a Jesús, el Señor de la vida, el perdón y la reconciliación, al pueblo keniano en la Arquidiócesis de Nairobi.

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Queridos Padrinos y Madrinas de Misioneros de Guadalupe, a 50 años de que nuestro Instituto llegó para apoyar la evangelización en Kenia aún podemos constatar que la labor es mucha y los obreros pocos. Sigamos pidiendo al Dueño de la mies que siga llamando y enviando colaboradores a evangelizar como la Iglesia nos lo pide en la actualidad: con una renovación en el celo misionero, con nuevas formas y expresiones que nos acerquen a las diversas realidades sociales. ¡Sigamos orando y trabajando por el establecimiento del Reino de Dios en nuestras comunidades!