Universal: La creación.

Para que las personas aprendan a respetar la creación y a cuidarla como don de Dios.

El salmo 18 canta: “el cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje y la noche a la noche se lo murmura”. Hay que tener el corazón alerta y los ojos abiertos para descubrir el gran amor con el que Dios ha hecho la creación. El mundo ha sido creado con el firme propósito de unirnos a Dios mediante la apreciación amorosa de la belleza natural del espacio en que vivimos, y se nos invita a cuidarlo, protegerlo y valorarlo como símbolo del vínculo entre Dios y hombre. Dejémonos envolver por este mundo de maravillas naturales y pidamos al Señor que cada obra de la creación despierte la sensibilidad de nuestros corazones y clarifique nuestra mirada para captar mejor su presencia en lo más intimo de nuestro ser.

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Por la evangelización: Los cristianos perseguidos.

Para que los cristianos perseguidos sientan la presencia reconfortante del Señor Resucitado y la solidaridad de toda la Iglesia.

Es un mérito muy grande anunciar y defender nuestra fe entre aquellos pueblos que no aceptan el mensaje de salvación como una invitación a la vida en plenitud que Dios nos da. Es importante unirnos en solidaridad con todos aquellos hermanos que por la propagación de la fe padecen calamidades, insultos, maltratos e incluso la muerte. Necesitamos una fe renovada que nos permita confiar en los signos mesiánicos de nuestros tiempos y nos fortalezca ante las situaciones de adversidad. No podemos ir adelante solos, necesitamos la compañía de sacerdotes, religiosos y laicos amigos que nos animen a través de actos de paciencia, humildad, solidaridad activa, pero sobre todo de oración, para cumplir fielmente la obra redentora en momentos de debilidad y persecución por causa de la Buena Nueva.

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