P. Ignacio Flores G., MG

 

Entre las cosas que el misionero asimila estando en Misiones se cuentan sin duda las referentes a algunas costumbres y tradiciones del lugar donde se encuentra. Esto significa aprender a participar y hacer muchas de las cosas que la gente realiza en estos lugares tan lejanos, muchas de las cuales a veces nos podemos ni imaginar.

En lo particular, yo casi no aplaudía ni danzaba durante las celebraciones religiosas que se acostumbran en algunos sitios de México, porque me sentía extraño y en realidad no soy tan bueno para los movimientos expresivos. Sin embargo, puedo decir que he mejorado, gracias a Dios, y de vez en cuando me suelto un poco para darle ritmo al cuerpo.

Me gustaría compartirles, queridos bienhechores, que en el pueblo africano la danza y el canto forman una parte esencial de las expresiones tanto civiles como religiosas. No es raro ver cómo, desde edades muy tempranas, entre el gusto y la pena por el baile frente a los extraños, niños y niñas son iniciados en este aspecto cultural que caracteriza a los hermanos del continente africano.

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Y fue en una celebración cultural, en una de las iglesias que atendemos los Misioneros de Guadalupe, donde pude ver esta maravilla de movimientos y cantos para darle gracias a Dios, de todo corazón, por la oportunidad de estar reunidos como familia, tener salud y alegría, y experimentar de algún modo la bendición de Dios entre toda la comunidad. Creo que el hecho de sentir que Dios nos da su fuerza, que nos mantiene, cuida y apoya en los momentos difíciles de la vida, es lo que justamente nos mueve a ser muy agradecidos.

Pienso que no me equivoco mucho, pero me desvío del tema. Comentaba que el canto y la danza son aspectos imprescindibles de la cultura africana en la manifestación de sus emociones; por tanto, no es raro entender que en una reunión especial se cante y se baile casi todo el tiempo.

Durante el tiempo que pasé en Misiones incluso era curioso comparar. Por ejemplo, en México, durante tiempos de la Misa, y para ser específico en el momento de la acción de gracias o en el momento siguiente de recibir la Sagrada Comunión, casi todos guardamos silencio, cerramos los ojos y agradecemos a Dios por las bendiciones recibidas durante la Misa (algunos también seguimos pidiéndole al Señor alguna cosa); para los mexicanos (y al menos de las parroquias donde he estado) algunas veces este momento se hace acompañar de un canto tranquilo y suave para ayudar a fluir nuestra oración o petición en ese momento de agradecimiento. Por su parte, en África muchas ocasiones el mismo momento equivalía a una algarabía de tonos y melodías que también se expresaban en movimientos corporales muy genuinos y armonizados por el momento de alabanza. Efectivamente, a través de un canto se puede agradecer muy profundamente y al modo de África las bendiciones que el Señor nos otorga.

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En esas ocasiones yo contemplaba escenas de felicidad en cada movimiento, sentía la forma en que los niños y los adultos se dejaban llevar por la alegría que se manifestaba en ese momento, donde los tambores, la música y la emoción de la gente manifestaban en cada persona una energía peculiar. Al final de cuentas también me contagiaba el momento, ya que por algunos instantes dejaba mi cámara y también aplaudía y me movía discretamente, tratando de hacer mis mejores esfuerzos por acoplarme al ritmo del canto y la euforia de aquella celebración. Al final no podía negar que también disfrutaba el momento de recibir a nuestro Dios en aquella forma tan especial.

A la fecha, siendo sincero, mi forma de encontrarme con Dios es más silenciosa y quieta. Agradezco la vida en formas un poco diferentes, pero tampoco puedo negar que de vez en cuando me gusta moverme un poco y agradecer a Dios con cantos, bailes y aplausos.

Los invito a ver un poquito de esta experiencia en el siguiente sitio web: www.revistaalmas.com.mx/acciondegracias. ¡A moverse Padrinos y Madrinas! ¡Dios los bendiga!

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