P. Adolfo Fermín Parra González, MG

La Iglesia católica de Corea del Sur celebra en el mes de septiembre el Mes de los Mártires, así como en nuestra patria se celebra en el mismo periodo el Mes de la Biblia. El pasado 20 de septiembre me uní a la peregrinación a los Santuarios de los Mártires de la comunidad de Chung-ang University Medical Center, que es un hospital privado no católico en donde el P. Ignacio de la Garza Evia Ugarte, mg, junto con la Hermana María Teresa, religiosa coreana, y laicos voluntarios, realiza el apostolado diariamente para visitar y llevar la comunión a los enfermos católicos, además de hacer oración con y para quien lo solicite, católico o no católico, celebrar la Eucaristía diariamente y ofrecer diferentes programas de catequesis y evangelización.

Esta peregrinación es una actividad anual que se realiza a lo largo de las diversas comunidades, sean parroquias, grupos religiosos o sacerdotes, seminarios, hospitales y universidades, entre otros. El P. Ramiro Zúñiga Garibay, mg, se organizó con la comunidad de trabajadores migrantes, y los Padres Gerardo Cabral Parra, mg, y Alberto Puente Colunga, mg, con la comunidad parroquial de Chayang Dong. Es impresionante ver a todos estos fieles caminando hacia los santuarios.

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Cabe decir que el Papa Francisco ha expresado su satisfacción por este Mes de los Mártires, que se realiza en memoria de los cristianos que dieron su vida por el Evangelio en Corea. El Papa espera que todos aquellos que participan en las peregrinaciones en el transcurso de ese mes, ayudados por las oraciones y el ejemplo de los mártires, puedan profundizar su comunión con el Señor Jesucristo, que dio su vida para que pudiéramos compartir el don inestimable de la vida eterna. Su Santidad culmina diciendo: “… esta ocasión pueda ser para los peregrinos una oportunidad que reavive la fe en los corazones y así puedan comprometerse más plenamente a la tarea de la evangelización”.

Recibí con mucho gusto la invitación del P. Ignacio, pues entonces me encontraba en el repaso del idioma coreano y tenía la posibilidad de asistir. En verdad nunca había asistido aquí en Corea a una peregrinación a pie y necesitaba un peregrinar como hacemos en México a la Basílica de Guadalupe y a San Juan de los Lagos.

Reunidos en el hospital a las 8:00 a.m., partimos al Santuario de los Mártires de Saenamteo, como primera estación, para luego culminar en el Santuario de los Mártires de Choltusan. Apenas afuera del hospital hay una estación del metro y, al inicio de la peregrinación, ahí nos reunió el P. Ignacio para hacer una oración y dar indicaciones sobre cómo aprovechar al máximo nuestro peregrinar, cuyo tiempo de recorrido se calculaba en tres horas. Entre las sugerencias que dio, estaban: compartir con los compañeros al caminar, rezar los 20 misterios del Rosario, meditar el camino de Jesús y pensar en el valor y la entrega de los mártires, además de ofrecer diversas intenciones. Así iniciamos el camino.

Al principio era sencillo, pero avanzamos y me percaté de que la gente veía cómo íbamos con el Rosario en la mano. Las voluntarias se acercaron y me hicieron algunas preguntas: ¿Cuánto tiempo tiene en Corea? ¿Cómo se llama? ¿Dónde va a trabajar?, además de recordar a otros Misioneros de Guadalupe que han servido en este hospital, como el P. José Sandoval Íñiguez, MG.

Llegamos a Saenamteo e hicimos una visita de 15 minutos al Santísimo Sacramento. El P. Ignacio nos explicó quiénes habían sido martirizados ahí; entre ellos se contaba uno de los nuevos beatos. Pasamos al museo, que es muy completo, y continuamos rumbo al Santuario de Choltusan. El P. Ignacio repartió dulces para renovar el paso, pues ahora sería más largo y el sol ya pegaba más fuerte.

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Después de una hora de caminar nos detuvimos brevemente en unas bancas y seguimos hasta llegar a Choltusan. Hicimos nuestra última oración en la capilla y al salir al atrio la Hermana María Teresa nos invitó a rezar el vía crucis en las estaciones que rodean el Santuario, y así lo hicimos. Me llena de fe y de esperanza ver que aunque todas las voluntarias son mujeres de entre 45 y 50 años no se agotaban.

Nuestra casa de Misioneros de Guadalupe en Seúl está junto a este santuario, por lo que nos dirigimos allá para celebrar la Misa y luego degustar una sabrosa taquiza al estilo mexicano preparada por el P. Ramiro, ayudado por la señora María, quien nos asiste en los alimentos. ¡Todos estábamos muy contentos!

La memoria de los mártires de Corea se celebra el 20 de septiembre, en honor a los 103 mártires muertos por el odio a la fe en tiempos de persecución en Corea, de 1839 a 1867. Vemos que en nuestros días también suceden persecuciones contra la fe en otras regiones del mundo.

Recuerdo las palabras de Jesús en el Evangelio de san Juan: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (14, 6). Esta peregrinación me ayudó a reflexionar en mi ser y mi quehacer misioneros, a orar y profundizar sobre el significado del martirio en mis historias personal y comunitaria.

Quiero terminar con las palabras del mártir san Andrés Kim Taegon: “Aquí estamos veinte y, gracias a Dios, estamos todos bien. Si alguno es ejecutado, les ruego que no se olviden de su familia. Me quedan muchas cosas por decirles, pero ¿cómo expresarlas por escrito? Doy fin a esta carta. Ahora que ya está cerca el combate decisivo, les pido que se mantengan en la fidelidad, para que, finalmente, nos congratulemos juntos en el cielo. Reciban el beso de mi amor” (De la ultima exhortación de san Andrés Kim Taegon, presbítero y mártir, segunda lectura del oficio de lectura del 20 de septiembre).

Padrinos y Madrinas, gracias porque juntos somos misioneros de México para el mundo. Así como dijo san Andrés Kim Taegon, yo les repito: aquí estamos en Corea del Sur sus misioneros mexicanos, no nos olviden como nosotros no los olvidamos a todos ustedes, nuestra familia. Dios conceda a nuestra patria una renovada fe como la de este pueblo coreano. Recordemos que también tenemos mártires que han ofrecido un testimonio de fe y han realizado una obra extraordinaria a favor del crecimiento de la Iglesia en México y en el mundo. Muchas gracias, y seguiremos compartiendo el camino misionero.

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