lector PA

Estimados Misioneros de Guadalupe:

Gracias por atender mi solicitud para compartir con otros lectores el testimonio de vida de mi mamá, María de Jesús A. S. Afortunadamente, Dios le permitió vivir durante 100 años y medio, en los cuales tuvo gran fe en el Sagrado Corazón; lo cual la hizo trascender en los corazones de todos los que la recordaremos por su amor y por la vida.

Mi mamá quedó huérfana a la edad de cinco años y pasó su infancia en un orfanatorio, donde padeció hambre y estuvo restringida en su libertad. Tuvo la dicha de casarse con un buen hombre, pero enviudó tres meses antes de que cumpliera 25 años de casada; desde entonces tuvo que trabajar haciendo pasteles decorativos y ocupando algunos puestos en oficinas de gobierno; pasados los años fundó una casa de cultura en donde se impartían clases de manualidades y de Biblia. ¡Mi mamá era muy querida por su actitud de servicio y disponibilidad a todo lo que se le solicitaba!

Ella decía que la frase “No puedo”, debería leerse sin el “no” para que la gente siempre dijera “¡Puedo!”, y con ello no habría ningún impedimento para lograr lo que nos propusiéramos.

Por su salud, tuvo que enfrentar varias cirugías. En ocasiones los médicos se rehusaban a intervenirla, pero ella les decía : “Mire, doctor, usted dice que cree que no es posible mi operación, pero falta lo que Dios diga”. Y nuestro Señor siempre dijo “Sí”, y por eso vivió cien años con una vida plena y activa. Incluso, cuando le preguntaban cómo estaba, siempre respondía: “¡Bien y de buenas!”, lo que se convirtió en su lema. Amaba tanto la vida que sorprendía a los médicos, enfermeras y sacerdotes de tantas ocasiones en que le pronosticaban que pronto finalizaría su vida, en cambio ella salía avante gracias a su fe en Dios, que la mantenía con nueva vida. De hecho, jamás pensó en que se acercaba su momento de partir, pues vivía con la seguridad de que continuaría con la Misión que el Señor le había encomendado.

Durante varios años envió su donativo a los Misioneros de Guadalupe, ya que tuvo la dicha de conocer al venerable Félix Rougier, fundador de los Misioneros del Espíritu Santo, quien le infundió la fe y el amor por los misioneros y el Sagrado Corazón de Jesús.

Ella además dejó varios escritos acerca de su gran amor por Jesús, las Misiones, los sacerdotes y la vida; en ellos se percibe su felicidad y el deseo de transmitir mensajes positivos a los demás. Esto fue parte de una vida de servicio y amor por Jesús y nuestros semejantes.

Rosa María G.