Juan José Ramírez Escarza

 

Editorial, junio, 2015

Editorial, Junio, 2015

El Evangelio de Mateo nos enseña que quien cumple la voluntad del Padre entrará en el Reino de los Cielos (cfr. Mt 7, 21; 24-27). En este pasaje, Jesús hace evidente que un creyente verdadero no es quien únicamente proclama a los cuatro vientos la religión a la que pertenece. En la actualidad, podemos extender un poco la idea y decir que un creyente tampoco es quien sólo asiste a Misa los domingos y las fechas especiales del calendario litúrgico.

Un creyente verdadero es quien escucha las palabras de Jesús y las pone en práctica (Mt 7, 24). Por ello decimos que ser cristiano es seguir a Jesús y asumir su estilo de vida. Esto tiene la consecuencia de un verdadero compromiso con la constitución del Reino de Dios entre los hombres, apoyado en obras y en una actitud humilde, sencilla, comunitaria, que nos permita conocer al otro, entender su sufrimiento y ser solidario con quien nos necesite.

Recordemos que la predicación de Cristo iba acompañada por signos y hechos que apoyaban sus palabras. Fue así como curó enfermos y multiplicó los panes (cfr. Mt 15, 29-37). Así mismo, nuestra práctica cristiana debe ir respaldada por actividades que den testimonio de nuestra fe, por lo que se trata de acciones que beneficien a los más necesitados, espiritual y materialmente.

Todo esto tiene que ver con el sentido de la Misión. Cada cristiano debe asumir la responsabilidad del compromiso misionero inherente a la fe, y tener en cuenta que misionar no es mero proselitismo, sino que en los tiempos en que vivimos se presentan nuevos desafíos a la forma en que se ha de compartir la fe con quienes tienen otras creencias. Así mismo, debemos tener siempre en cuenta que la salvación que ofrece Dios a través de Jesús es para todos los seres humanos.

Por eso, el sentido final de vivir y compartir el Evangelio es el mismo desde siempre: en última instancia se trata de ofrecer nuestra vida por el bien de los demás, llevar al extremo, con hechos y obras, la práctica de amor que Jesús nos enseñó.