P. José Monroy Pereyra, MG

En la vida hay momentos en los cuales te cuesta cierto trabajo decidir, no porque las circunstancias sean adversas, sino porque sientes las limitaciones de tu cuerpo, de tu entorno, de la vida que llevas. A los 76 años de edad, volver a la Misión de Japón, con todo lo que ello implica, parecería algo imposible, puesto que ya no se cuenta con las fuerzas de otros tiempos. Pero pensando desde otro punto de vista, desde el punto de vista de que el hombre dispone pero el que determina las cosas es Dios, entonces comienza a cambiar todo lo que te impedía tomar una nueva decisión.

P. José Monroy, MG, junio, 2015, Nuestros artículos

P. José Monroy, MG, junio, 2015, Nuestros artículos

“Padre –se me preguntaba–, qué va a hacer a Japón?”. Y mi respuesta era sencilla: “Nada”. No porque no hubiera cosas que hacer, sino porque las circunstancias insinuaban que a esa edad ya no había posibilidades de proyectos que pudieran realizarse con comodidad. Pero he encontrado que sí se pueden hacer todavía muchas cosas, sobretodo si uno se pone en las manos de Dios como un instrumento, únicamente como una herramienta, que al ser utilizada por las manos divinas produzca el fruto deseado; porque el que actúa no es ya el instrumento, sino el autor de todas las obras.

Reflexionando en este sentido, las edades no tienen ningún significado y lo único importante es eso: el querer ser, de verdad, un instrumento en las manos de Dios. Muchas veces nos engañamos, pensando que somos nosotros los que hacemos o realizamos las cosas, pero yo mismo me he dado cuenta de que no es así; más cuando se trata de la Misión.

Después de las experiencias de tantos años pasados en este mismo lugar en el que ya me encuentro, he llegado a sentir que no basta con desear, con afirmar cosas que parecen extraordinarias, sino que se deben poner manos a la obra, tratando de servir a todos sin distinción de personas.

Nuestros artículos, P. Jpsé Monroy, Junio, 2015

Nuestros artículos, P. José Monroy, Junio, 2015

Es muy importante una mayor cercanía a Dios para lograr esto. ¿Qué podemos hacer cuando nos alejamos de Dios y nos conformamos con hacer lo más indispensable, y muchas veces, de cualquier forma, hacerlo sólo por tratarse de una obligación que cumplir? ¿O cuando dejamos de hacer incluso lo más simple, alegando importantes ocupaciones que, viéndolo bien, no tienen la importancia que les asignamos?. ¿Qué es en realidad lo que quieren ver los demás en nuestra manera de vida, incluso aquellos que no tienen nuestras creencias? ¿No querrán acaso ver en nosotros al hombre de Dios, al que es congruente con lo que predica o dice?

Por eso vuelvo a confirmar que  regresé a Japón a no hacer nada personal, sino con el deseo de querer hacer lo que el Señor quiera realizar por un instrumento tan insignificante que tiene 76 años de edad.

Mi querido lector, creo que estarás de acuerdo conmigo en que ante Dios la edad no cuenta, y que solamente tiene sentido lo que se hace por Dios. Qué edad tienes no importa, lo que sí importa es que trabajes por Dios en estos momentos de tu vida, para que Jesús, según el deseo del Padre eterno, sea conocido por muchos hermanos. Ojalá que seamos verdaderos instrumentos en las manos de Dios toda nuestra vida.

Nuestros artículos, P. José Monroy, junio, 2015

Nuestros artículos, P. José Monroy, junio, 2015