P. Adolfo Fermín Parra González, MG

Con gratitud a nuestros Padrinos y Madrinas, como ahijado sacerdote Misionero de Guadalupe, desde Corea del Sur los saludo y bendigo, a la vez que me encomiendo a sus trabajos y oraciones para ser fiel a la vocación misionera ad gentes (entre los no cristianos) que el Señor me ha otorgado.

Después de ocho años de amor y de servicio en nuestra querida patria, en los cuales colaboré en la animación de las vocaciones y en la formación de los alumnos de nuestro Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras, regresé a este país el pasado 12 de julio del 2014.

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Ya había vivido en Corea mientras estudiaba el idioma coreano y culminaba mis estudios de Teología. También fui ordenado diácono junto a otros seis seminaristas coreanos en el año 2006. Fue una bella experiencia misionera, que pude vivir gracias a Dios y a la generosidad y el compromiso de todos ustedes.

Dios, que a todos nos hace participes de su proyecto, me ha traído de nuevo a Corea del Sur. Y, así como en México, todo cambia, pues también en este bello país asiático las cosas son diferentes desde aquella ocasión en que regresé para ser ordenado sacerdote en nuestra patria; por ejemplo, la comunidad de sacerdotes mexicanos en aquel entonces era más grande y más joven, y ahora algunos de ellos han retornado a la patria o se han ido a otras Misiones.

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Lo que quiero compartirles con este artículo acerca de nuestra comunidad de Misioneros de Guadalupe en Corea del Sur es para invitarlos a renovar nuestro amor y nuestra oración por la Misión hacia los no cristianos, con la esperanza de que surjan nuevos y jóvenes misioneros mexicanos que luego vengan a compartir la fe a estas tierras.

En el agrupamiento generacional de nuestro Instituto misionero, de los sacerdotes MG que trabajamos en la Misión de Corea solamente tres pertenecemos al grupo de sacerdotes jóvenes, donde se reúnen desde los recién ordenados hasta aquellos que cuentan apenas con diez años de ordenación: somos el P. Alberto Puente Colunga, con cuatro años de sacerdote, el P. Rigoberto Colunga Hernández, con seis años de haber sido ordenado (actualmente ha sido nombrado a estudiar en España), y un servidor, P. Adolfo Fermín Parra González, con siete años de ministerio sacerdotal; los dos primeros Padres son originarios del estado de San Luis Potosí, y yo, del estado de Coahuila; los tres nacimos en 1975 y este año entraremos en una edad (40 años) que es de particular importancia para la cultura coreana.

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Mi ocupación y preocupación es que actualmente no hay seminaristas mexicanos que estén culminando su formación sacerdotal en la Misión de Corea (como hay en las Misiones de Japón y de Hong Kong), como fue el caso de nosotros tres, que primero terminamos de formarnos como seminaristas en la Misión, y ahora servimos en el mismo país ofreciendo nuestro sacerdocio misionero. En nuestro actual grupo misionero tenemos al P. Juan Pablo Álvarez Cornejo, que celebró sus 50 años de sacerdocio el año pasado, al P. Francisco Arriaga Méndez, que en enero de este año celebró su 60º aniversario sacerdotal, y al P. Héctor Díaz Fernández, que el próximo mes celebrará 50 años de haber sido ordenado sacerdote misionero.

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El año pasado, en el mes de agosto, tristemente falleció el P. Gabriel Torres Ascencio, q. e. p. d., quien era parte de este grupo misionero en Corea. Por ello resuena la voz de Dios: “La mies es mucha y los obreros pocos, por tanto roguemos al Dueño de la mies, para que envíe trabajadores a sus campos” (Lc 10, 2).

Con motivo de la visita del Papa Francisco a este País de la mañana tranquila, se presentaron las siguientes estadísticas de la Iglesia católica: el porcentaje de católicos para el año 2012 era de 9.4%, sumando 5 442 996 bautizados; los budistas representan 15.6% de la población, otras comunidades cristianas (denominadas anteriormente protestantes) ocupan 24%, otras religiones no cristianas apenas son 0.7%, y quienes no profesan ninguna religión son 50.3%¹. ¡Se trata de millones de hombres y mujeres que no han conocido el nombre de Jesús y el poderoso proyecto del Reino de Dios!, si consideramos que en 2014 la población de Corea del Sur era estimada en más de 50 millones de habitantes. Hay que destacar también que en este país habita una gran cantidad de norteamericanos, peruanos, filipinos, vietnamitas y chinos, entre otras minorías extranjeras.

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El Papa Francisco, en su exhortación apostólica La alegría del Evangelio, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, dice: “No nos dejemos robar la fuerza misionera […] No nos dejemos robar la alegría de la evangelización”. Por eso, estimados Padrinos y Madrinas, inviten a los jóvenes de México a participar de las Misiones. Y a los mismos jóvenes les digo que, si contamos con ustedes, sumaremos más sacerdotes en esta nación (donde actualmente hay 4 695 sacerdotes coreanos y 170 extranjeros) y más religiosos y religiosas que con alegría somos testigos de la fe y luchamos con esperanza por la reunificación de las dos Coreas, para llevar a cabo la Misión de Dios: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio” (Mc 16, 15).

¡Es algo urgente, jóvenes de México! Recuerden que, como nosotros, ustedes también pueden ser misioneros; y deben apresurarse, porque los Padres que hoy todavía somos jóvenes nos haremos viejos y la urgencia misionera continuará.

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Encomiendo la Misión y pido por cada uno de ustedes, nuestros lectores, a los 124 nuevos mártires coreanos beatificados por el Papa Francisco en su pasada visita a Corea. Una vez más, ¡gracias, México católico!, porque “El amor de Cristo nos apremia” (2 Co 5, 14); “¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!” (1 Co 9, 16). Se despide de ustedes Fermín Parra, su sacerdote Misionero de Guadalupe de regreso en Corea del Sur, con la felicidad de saber que Dios me ama y me ha llamado a la Misión.

 

¹ Las estadísticas de la Iglesia católica de Corea 2013 (31 de diciembre de 2013) fueron publicadas por el Comité para la visita del Santo Padre a Corea del Sur, folleto publicado con la Secretaria de Turismo.