P. Ignacio Flores G., MG

Hace varios años viví un tiempo en Angola como misionero. Estando de regreso en la patria, después de varios meses, descubrí muchas cosas que eran importantes para recordar en la vida, y entre ellas algunas aprendidas durante aquel tiempo en Misiones, como esta experiencia de ánimo y bendición que la gente de África me brindó.

Al terminar mi misión en Angola, al despedirme de una de las comunidades que se atendían en la parroquia, ellos quisieron agradecerme al final de una celebración, entre alegría y tristeza, el tiempo que estuve a su lado compartiendo con cada uno los momentos de la Palabra de Dios, los alimentos, los bailes, la cultura y las tradiciones, y todo aquello de lo que podíamos hacer en conjunto como hermanos de una misma Iglesia; recuerdo que incluso también se hicieron presentes algunas diferencias y enojos que teníamos como cualquier ser humano, pero que al final nos habían hecho sentir muy hermanos en la fe.

Pastoral 01

Me llevaron afuera de la capilla, hecha de palos y piedra, luego hicieron un círculo algo grande, a pesar de ser pocos ese domingo, y entonces me dijeron: “Senhor diácono, queremos fazer um cántico pra si”. Es decir: “Señor diácono, queremos hacer un canto para usted.” Es muy propio del pueblo africano expresarse a través de la danza y del canto para transmitir sus emociones. Entonces les pedí que me dejaran filmar el momento. Muy a propósito yo solía cargar una cámara fotográfica, de esas que tienen modo de hacer video, con el fin de guardar todos los momentos posibles de los últimos días de mi estancia en aquella hermosa Misión.

En lo que preparaba mi aparato ellos se ponían de acuerdo en el canto apropiado y al fin resolvieron cantar algo que de lejos escuché: Nume an´nala nume, que en su dialecto quiere decir: “Envíame, Señor, a realizar tu Misión en todos los rincones de la tierra. Señor, envíame”. Claro que todas estas palabras no se expresan en la simple frase: Nume an´nala nume, pues hablaban un dialecto que no aprendí, pero ellos me explicaron perfectamente el significado en esa frase misionera que les acabo de comentar hace un momento.

Pastoral 02

Yo me sentí muy contento y privilegiado de recibir estas palabras, al final de cuentas muy misioneras; fue en verdad un detalle muy alentador por parte de la comunidad. En este contexto de despedida yo imaginaba, inconscientemente, que regresar a México me haría sentir técnicamente que mi Misión había terminado ya, pero ahora que lo repaso, de la mano de aquella experiencia, con ese canto me doy cuenta de que mis hermanos africanos no se despedían y ni siquiera me decían que mi trabajo terminaba, sino todo lo contrario.

Al recoger recuerdos de mis fotos y videos misioneros, ahora entiendo que lo que ellos me cantaban en breves palabras era más bien un envío. Es decir, me decían que la Misión, mi misión, continuaría por siempre hasta los últimos rincones de la tierra, como ellos bien lo entonaban.

Yo le agradezco a Dios el regalo de esta vivencia y les comparto a ustedes, queridos bienhechores, al son del canto entre nuestros hermanos africanos, el envío que Dios nos hace a todos nosotros: que el Señor los bendiga y los envíe también a todos los rincones de la tierra a realizar su misión: si estudian, ahí está su misión; si pertenecen a algún grupo de la Iglesia, ahí está su misión; en la casa, con la familia, ahí está su misión… Por eso, para ustedes, junto con mis hermanos africanos yo también canto: Nume an´nala nume

Los invito a ver un video de esta experiencia.