El P. Héctor Díaz Fernández, MG, nació el 25 de abril de 1938, en la ciudad de Los Ángeles, Cal., EUA. Estudió primaria y secundaria en Ciudad Juárez, Chih., y el bachillerato en la capital del país.

El P. Héctor ha comentado que su vocación nació desde niño: “Estuve muy contento con el conocimiento de Dios. Mi idea fue la de compartir dicho conocimiento con aquellos que, además de sufrir y tener problemas que nosotros tenemos, no conocen a Dios y se encuentran en países lejanos, para que también ellos estuvieran alegres”.

Fue por ese impulso de compartir la alegría de la fe que en febrero de 1957 comenzó su carrera eclesiástica con el ingreso al Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras. Realizó sus estudios de Filosofía hasta 1961, y ese mismo año fue enviado a la Universidad de Friburgo, Suiza, a continuar su formación con los estudios de Teología; obtuvo la licenciatura en Teología con la tesis El problema de los ángeles en Santo Tomás y San Buenaventura. Realizó el noviciado en Schöneck, Lucerna, Suiza, con los Misioneros de Belén.

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El 15 de agosto de 1965 fue ordenado sacerdote misionero por imposición de manos de Mons. Alonso Manuel Escalante y Escalante, en el Seminario de Misiones, en la ciudad de México.

Su primer nombramiento fue en la Promoción del Instituto en la ciudad de México, donde colaboró de 1965 a 1970.

En 1970 fue enviado a la Misión de Corea, donde hasta la fecha ha realizado diversas actividades misioneras, entre las que se cuentan la pastoral con los enfermos de Sorokto, encargado de diversas parroquias y apoyo en la formación de seminaristas como Director Espiritual del Seminario Arquidiocesano de Kwangju.

Así mismo, el P. Héctor ha desarrollado y consolidado una importante labor académica, cumpliendo estudios de post-doctorado y publicando diversas obras, fruto de su experiencia, tanto a nivel intelectual como de trabajo en las Misiones; buena parte de sus vivencias y reflexiones las ha compartido en la revista Almas, de la cual es uno de los colaboradores más entusiastas.

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Acerca del desempeño de su ministerio ha comentado: “Fui muy bien recibido por la gente de todas las parroquias en las que trabajé; por lo mismo pude doblar y aun triplicar el número de católicos en ellas”, y ha mencionado la importancia del trabajo con los enfermos de lepra en Sorokto, ya que su enfermedad ha valido para ponerlos en contacto con su Iglesia, el conocimiento de Dios y la fe.

Este mes el P. Héctor celebra medio siglo de entrega en favor de los no cristianos y de constante entusiasmo por compartir el Evangelio con quienes más lo necesitan. Esperamos que continúe con mucho ánimo en su ministerio y que siga haciendo partícipes de sus vivencias a los lectores de nuestra revista. ¡Muchas felicidades, P. Héctor!