Ignacio Flores García, MG

Estoy seguro de que al leer el título de este artículo muchos de ustedes, queridos Padrinos y Madrinas, habrán completado con la siguiente frase: “allí estoy yo en medio de ellos”. En efecto, el Señor nos dice, a través de su Palabra, en el Evangelio de Mateo: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” (Mt 18, 20).

Cierto día que salí a conocer una de las comunidades donde laboramos los Misioneros de Guadalupe, me sentía emocionado por el lugar que pronto iba a ser la sede para la celebración de la Misa. Era un domingo en el que la gente se reuniría para encontrarse con Dios y mi entusiasmo crecía por vivir aquella experiencia de encuentro misionero. Recuerdo que en esa ocasión llegamos a la comunidad una hora antes de lo indicado, lo que me permitió iniciar un paseo de exploración por aquél barrio tan pobre.

Al llegar a la capilla me dio un poco de tristeza mirar el esqueleto de lo que hacía la estructura de la capilla: únicamente había palos acomodados y, literalmente, un esqueleto sin techo ni coberturas en las extremidades, a excepción de una sábana blanca que hacía de fondo en la zona del altar, también construido de palos. Me senté en una de las vigas que hacían de banca y un sentimiento de melancolía me hizo pensar cómo en nuestra patria y en muchas partes del mundo tenemos grandes y bonitas iglesias: unas son de mármol, otras de techo de concreto, algunas más están cubiertas de maderas hermosas, otras son muy elegantes, y la más sencillita al menos es de lámina; ¡pero esta capilla no tenía nada de eso, sólo había palos y carrizos!

Pastoral V 01

No puedo negar que mi sentimiento al comparar se hacía grande. No obstante, venían a mi mente las palabras del pasaje de la biblia que transcribí al inicio de este texto, y eso me regalaba ánimo y confianza en que las cosas no podían estar tan mal después de todo.

Algunos minutos después empezó a llegar la gente. Muchos de los asistentes se integraban en la liturgia al formar parte de la procesión de entrada, y hasta yo, que era nuevo en la comunidad, también me uní a la procesión. Al ir avanzando, una señora dirigía el canto y decía: “¡Vamos a seguir la Palabra de Dios! ¡Vamos a seguir al Señor! ¡Vamos!”. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que lo más importante era que estábamos juntos, siguiendo la Palabra de Dios y reuniéndonos todos para hacer presente nuestra fe y nuestra confianza en el Señor, que sin duda estaba ahí presente.

Estoy seguro de que ahí donde ustedes se encuentren habrá un templo que ofrezca un espacio físico para el encuentro con Dios, donde le podremos hablar, adorar, pedir y agradecer. Cada templo es un lugar importante, donde el Señor nos invita a acudir para descansar el espíritu, tomar una pausa en el día y estar en contacto con Él. A mí también me invita a recordar, en mi propia experiencia, que cuando dos o tres se reúnen en el nombre de Dios, allí está Él verdaderamente; y pienso que así ocurre también cuando en la casa se reúnen el papá y la mamá con los hijos, o los abuelitos con los nietos, o todos juntos para adorar a Dios: creo que allí en verdad el Señor cumple sus promesas.

Pastoral V 02

Finalmente quiero decirles que cuando leo: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy en medio de ellos”, personalmente me gusta añadirle lo siguiente: “ayudándoles a construir mi Reino”, porque creo que hay muchos jóvenes que andan por el mundo buscando unirse a Dios y compartir la experiencia de llevar a otras tierras la promesa que nos hizo el Señor: estar en medio de nosotros.

Sin duda algún joven que lea esto querrá ser ese número dos o tres que se reúna en nombre del Señor con un hermano en África, Asia o América. Yo los invito a vivir la experiencia de sentarse en una capilla de palos para encontrarse con otros hermanos y pedirle a Dios, nuestro Señor, que también esté en medio de ellos. Desde donde se encuentren, queridos Padrinos y Madrinas, reunámonos en oración y pidámosle al Señor que siga en medio de nosotros.

Pastoral V 03

Cuando vuelvo a ver los pequeños videos que a lo largo de mi andar misionero he tenido oportunidad de grabar (y que desde hace algunos artículos he compartido con ustedes), me gusta llevar un poco de mis experiencias a sus miradas y sus corazones; parte de lo que sus ahijados, queridos Padrinos, vivimos en carne propia al estar en las Misiones. También existe la intensión de invitarles a seguir pidiendo mucho por los misioneros y, sin duda, a recordar que estas experiencias en Misiones continúan teniendo ecos vigentes en los diferentes lugares a los cuales pertenecemos. Si alguien lo desea, puede mirar el pequeño video que se encuentra en el siguiente enlace: www.revistaalmas.com.mx/dosotres