Casi seis años después de haberse fundado el Seminario Mexicano para las Misiones Extranjeras, en la fiesta de Pentecostés de 1955, Mons. Alonso Manuel Escalante y Escalante anunció la fundación de la primera Misión del Instituto, ¡y el país elegido fue Japón!

Ese mismo año se nombró a quienes serían los tres pioneros que llevarían a cabo la importante tarea de establecer aquella primera Misión. Se trató de los Padres MG: Alejandro Ríos Zalapa, Joaquín Sarmina Andrade y Juvenal Garnica Martínez, que arribaron al país asiático en agosto de 1956. Dos años después, los Misioneros de Guadalupe firmaron un contrato con Mons. Pedro Arikata Kobayashi, Obispo de Sendai, para colaborar por 25 años con su diócesis. El encargo fue la Parroquia de Aizu-Wakamatsu, iniciada por una comunidad de dominicos canadienses. El P. Alejandro Ríos fue el primer párroco MG de Aizu-Wakamatsu, que contaba con tres estaciones misioneras, atendidas también por nuestros sacerdotes.

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Con el paso de los años, poco a poco, se fueron incorporando nuevos y más Padres al trabajo de nuestro Instituto en Japón, y de igual manera su labor se fue ampliando, principalmente a promover la atención en jardines de niños y diversas pastorales especiales.

Así mismo, el compromiso de nuestro Instituto con la Iglesia japonesa se diversificó a otros territorios, de manera que a la fecha se colabora con las diócesis de Kioto, Tokio, Nagoya y Fukuoka, además de la ya mencionada Sendai.

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La Misión de Japón también fue pionera en lo que respecta a la la formación sacerdotal de seminaristas en Misiones, pues, en 1968, fue enviado el hoy P. Marco Antonio Martínez Franco, MG, primer alumno del Seminario de Misiones en concluir su formación sacerdotal en la Misión a la que habría de servir una vez consagrado. A partir de entonces han sido varios los seminaristas que han completado su formación en esa Misión.

El trabajo de nuestros misioneros en Japón ha enfrentado diversos y difíciles retos, particularmente asociados a los usos y costumbres de la sociedad japonesa. Y estar en medio de aquella cultura ha significado perseverar en la paciencia y en el esfuerzo, sobre todo cuando los frutos del trabajo no son grandes en cantidad.

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Sin embargo, ahí mismo, donde se encuentran las dificultades, están también los acicates que han mantenido a nuestro Instituto colaborando con la Iglesia de Japón por seis décadas. Trabajar por la conversión y salvación de más almas, aumentar el número de bautizados, fomentar las vocaciones locales, son algunas de las metas que seguimos teniendo en el País del Sol Naciente.

Sabemos que nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo que el pueblo de México nos ha brindado incansablemente durante tanto tiempo. Por eso, al mismo tiempo que celebramos los 60 años de Misioneros de Guadalupe en Japón, también reiteramos nuestro agradecimiento a nuestros Padrinos y Madrinas, que siempre nos acompañan. También queremos invitar a los jóvenes de México a que se acerquen a las Misiones; ¡probablemente entre ustedes se encuentran los próximos Misioneros de Guadalupe que habrán de compartir la Palabra de nuestro Salvador con los hermanos de Asia y otros continentes!

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