P. Luis Alonso Yepes Cruz, MG

“…Jesús se fue de allí en barca, él solo, a un paraje despoblado. Pero lo supo la multitud y le siguió a pie desde los poblados. Jesús desembarcó y, al ver la gran multitud, sintió compasión y sanó a los enfermos”

(cfr. Mt 14, 13-14)

En diferentes partes del Evangelio podemos encontrar a Jesús en oración. Su oración precede o sucede a su acción (cfr. Mc 3, 13; Jn 6, 15), y es punto de referencia en su constante búsqueda de la voluntad del Padre. Jesús se encuentra a sí mismo en su relación con el Padre: reafirma su identidad y su Misión.

En el texto de Mateo, capítulo 14, versículos 13 y 14, vemos a Jesús solo en despoblado, después de saber de la muerte de Juan el Bautista; contempla los riesgos que comporta ser testigo del Reino de Dios. Pero la muerte del Bautista no es únicamente la muerte de un profeta, sino la manifestación de toda una estructura político-religiosa que se opone al Dios verdadero que quiere salvar a todos sus hijos e hijas. Esta muerte debió provocar en Jesús más de alguna interrogante y, ¿por qué no?, una profunda tristeza. Sin embargo, Jesús está ahí, frente al Padre para renovar su firme propósito de seguir adelante, pues por la fuerza de su amor no hay nada prioritario en su vida sino hacer presente a Dios.

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En la segunda parte del texto vemos a Jesús encontrándose con la multitud; una multitud que, hambrienta y sedienta de Dios, busca sus palabras y se acerca a él para ser bendecida. La multitud lo sigue y esta acción le supone dejar la comodidad de su vida y lanzarse en la búsqueda de aquel que viene en nombre del Señor. Y es aquí donde el texto nos muestra el corazón de Jesús: él siente compasión. Jesús se compadece (y todavía lo hace), pero no es un mero sentimiento de lástima, sino que en verdad se conmueve y siente una sintonía con el corazón sufriente de aquellas personas. La compasión es característica de ese Dios que Jesús anuncia (cfr. Is 54, 10) y que se vuelve acción concreta: sanó a los enfermos.

De esta forma, la comunión con el Padre llena de compasión el corazón de Jesús. Su actuar únicamente puede mostrar el amor de Dios dirigido a una realidad concreta de las personas, en la cual se va destruyendo la imagen de Dios que cada ser humano es (en este caso esa realidad es la enfermedad).

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El mundo de hoy necesita con urgencia la compasión de Jesús: las víctimas de la violencia y de las catástrofes, los desempleados, las familias desintegradas, los jóvenes sin sentido de vida, la gente que muere de hambre, los que no conocen a Dios. ¡Las multitudes siguen buscando a Jesús!

¿Cómo hacerlo presente? En los Centros de Orientación Vocacional de Misioneros de Guadalupe hemos tenido la oportunidad de ir a actividades de campo Misión, en donde los muchachos proclaman con alegría el mensaje del Evangelio en comunidades distantes, y esa vivencia los hace experimentar a Dios de una forma muy concreta en sus vidas, pues se sienten llamados a ser misioneros(as).

Algo muy significativo es que esta experiencia siempre hace surgir el hambre y la sed de conocer más a ese Dios que los ha llamado, y así empieza la búsqueda seria y constante por medio de la oración, pues es desde ahí que somos transformados por la misericordia de Dios, que nos hace compasivos.

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En el nuestros Centros de Orientación Vocacional estamos con almas vencidos de que la vocación es un don que viene de Dios, y, por medio de su Palabra, Él va iluminando la existencia de cada persona para descubrirse como un don. Ahí radica la importancia del encuentro personal con Dios, que nos ama como somos y nos impulsa a buscar siempre algo más alto, algo que lleva a la plenitud haciendo lo que Jesús hizo: darse a los demás.

¿Qué nos puede ayudar a crecer para realizar acciones de bien hacia los demás? Este es el desafío que se presenta para los jóvenes de hoy, que buscan nuevos caminos de trascendencia, de sensibilidad para los que sufren. ¡Solamente en Jesucristo esta búsqueda llega a su fin!

Estimados jóvenes, los invitamos a todos a que contacten a nuestros Centros de Orientación Vocacional, en donde estamos empeñados en que tengan ese encuentro con Dios para que Él les hable al corazón y les permita experimentar su compasión hacia las multitudes que hoy siguen necesitándolo. ¡No tengan miedo!

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