P. Ignacio Flores García, MG

“¿Qué necesito para ser sacerdote misionero?” es una de las principales preguntas que me hacen los jóvenes con curiosidad e inquietud vocacional, ya sea que apenas se les presente o que desde tiempo atrás se manifestó. Esta es la misma pregunta que, con mucha frecuencia, me hacen algunas personas en las iglesias o quienes pertenecen a algunos grupos parroquiales: “Padre, conozco a un joven que quisiera saber sobre el seminario, ¿qué necesita para ser sacerdote misionero?”

COV, febrero, 2016

La primera respuesta que les doy comienza por agradecer su valor y su intención de conocer más sobre la vida del seminario, y específicamente sobre la vida de un sacerdote. El llamado de Dios es muy especial y único con cada uno de nosotros; podríamos encontrar ciertas similitudes entre nosotros, porque asisitíamos a algún grupo de la iglesia, porque de pequeños jugábamos al sacerdote con nuestros hermanos, primos y amigos, etc., pero al final el llamado siempre es particular y diferente. Por eso es importante (y para mí  resulta un regalo renovador) escuchar el interés del muchacho que quiere aclarar su posible llamado hacia la vida sacerdotal misionera.

El Centro de Orientación Vocacional (COV) de los Misioneros de Guadalupe es un lugar que ofrece un espacio físico, espiritual, de convivencia y oración para que los muchachos que tienen inquietudes vocacionales puedan aclarar y escuchar más finamente el llamado de Dios en su vida. Actualmente contamos con cuatro centros: uno en Villahermosa, región suereste; uno en Monterrey, región norte; uno en Guadalajara, región occidente, y uno más en la ciudad de México, región centro.

COV, febrero, 2016

Cada centro ofrece una reunión mensual para tener el acompañamiento y la animación a esta vocación. A través de la convivencia, de momentos de oración y encuentro con Dios, de charlas sobre valores y crecimiento humano, de actividades de pastoral o apostolado (servicio) algún fin de semana, los muchachos se dan un espacio para encontrarse más con ellos mismos, con sus compañeros y con el(los) sacerdote(s) encargado(s) de cada centro, para tener entrevistas personales.

En ciertas ocasiones logro percatarme de que los muchachos no quieren aceptar una invitación a algunos de nuestros encuentros por miedo a que, una vez que hayan pisado el seminario, en ese mismo encuentro mensual recibirán la sotana y renunciarán a lo que la vida les ofrece en la etapa de sus vidas que están viviendo.

Lo cierto es que el Centro de Orientación Vocacional es un espacio para descubrir el llamado de Dios en la vida y para hacer un proceso de discernimiento. Dios nos da la libertad y nosotros respetamos esa libertad. Precisamente, los Misioneros de Guadalupe ofrecemos este espacio para que los jóvenes consideren que, entre las opciones de vida, siempre hay una muy hermosa, gratificante, llenadora de sentido, que es como cualquier otra carrera: el sacerdocio; que además es un poco más grandioso y aventurero si es misionero, pues dejamos nuestra patria para ir al encuentro y compartir nuestra fe con hermanos en otros países.

El COV de los Misioneros de Guadalupe no es un centro para guiar a los muchachos en la elección de carreras o estudios profesionales, sino un lugar especial donde un joven puede aclarar su vocación y responder generosamente al llamado que Dios le hace, en la opción del Seminario de Misiones Extranjeras de los Misioneros de Guadalupe. En mis años de experiencia en el COV he tenido la dicha de conocer a jóvenes que hoy en día ya están en etapas adelantadas de su formación sacerdotal y siguen alimentando constantemente sus anhelo misionero en medio de alegrías y dificultades, siempre en la confianza del Dios amoroso que les ha hecho un llamado. También he compartido mucha amistad con algunos otros muchachos que prefirieron estudiar una carrera profesional y siguen respondiendo desde ahí, con mucha alegría, al llamado de Dios hacia la felicidad; incluso algunos más ahora están felizmente unidos a su esposa. Para mí esto es muy agradable, sobre todo ver la manera en que todos ellos descubrieron el camino de su vocación, forjando, además, muchas amistades con jóvenes de todos los estados del país.

COV, febrero, 2016

Al COV  asisten muchachos de entre 15 y 29 años de edad que terminaron sus estudios de secundaria, preparatoria o carrera profesional. Aquellos que por alguna razón no pudieron concluir sus estudios de universidad y sienten el llamado son invitados a conocer, valorar y experimentar por sí mismos parte de lo que es la vida en el seminario; esta etapa representa el primer acercamiento con la vida de los sacerdotes y seminaristas misioneros. El tiempo de acompañamiento va de seis meses a un año con la modalidad mensual, y el objetivo del centro es orientar al muchacho hacia la etapa del preseminario, donde, al final del curso del COV, un joven puede optar por dar un paso más en la vida del seminario, esperar un tiempo para tener mayor claridad o caminar en la ruta que su corazón le indique. Ver cómo un muchacho continúa con una sonrisa el camino que él y Dios vayan forjando siempre es muy satisfactorio para mí y un motivo de agradecimiento hacia Dios.

Este primer encuentro que ocurre en el COV es un acercamiento libre, abierto, y tiene la finalidad de ofrecer a los jóvenes un medio para responder generosamente a la posible
invitación que Dios les hace para seguirle.

COV, febrero, 2016

Estimados Padrinos y Madrinas, en el próximo mes esperamos compartir la experiencia de uno de los muchachos que ha pasado por esta etapa del COV. Aunque son muchas las historias que han surgido en este lugar, ojalá que esa experiencia en particular pueda ser significativa para algún joven lector o alguien que ustedes conozcan y tenga inquietud por la vocación saderdotal misionera. Joven, ¡ten confianza!, ¡acércate a descubrir qué es lo que Dios quiere de ti! ¡Anímate a encontrarle más sentido a tu vida en esta experiencia que también ofrece muchas alegrías y satisfacciones! Queridos lectores, seamos ecos de la invitación que Dios le hace a la juventud y propongamos a algún joven conocido o familiar la posibilidad de vivir una experiencia en el Centro de Orientación Vocacional de los Misioneros de Guadalupe.

¡Que Dios los bendiga!