P. José Navarro G., MG

La Unción de los enfermos es el otro sacramento medicinal (como la Penitencia o Confesión), ya que también aquí se pide la salud del alma y del cuerpo. Tiene como finalidad conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades de una enfermedad grave o de la vejez; se puede recibir cada vez que sea necesario. Las gracias recibidas por este sacramento son: la unión del enfermo a la pasión de Cristo, para su bien y el de la Iglesia; el consuelo, la paz y el ánimo para soportar los sufrimientos (ver St 5, 14-15).

Sacramentos, febrero, 2016

La enfermedad es un momento crítico en la vida de todo ser humano; el dolor muchas veces viene a debilitar la mente y a continuación le sigue la desconfianza en uno mismo, en los demás y, ¿por qué no decirlo?, incluso en Dios. En un momento crítico Job dijo: “¿Por qué al salir del vientre de mi madre no morí y no perecí al salir de las entrañas?” (Jb 3, 11). El enfermo llega a sentirse una “carga” para su familia; por eso debe ser ayudado por la comunidad por medio del Sacramento de la Unción de los enfermos. Jesús se hace presente junto a la cama del enfermo para fortalecerlo, para consolarlo, para curarlo.

Algunas personas dicen: “Dios me mandó esta enfermedad”,pero esto es incorrecto: Dios no manda enfermedades. El Evangelio muestra a Dios como un Padre bueno. La enfermedad es el mal del mundo que se nos acerca, y, en ese mal momento, el Señor está junto a sus hijos para fortalecerlos y ayudarlos a enfrentarse al mal.

Isaías, el profeta, expone las señales de la manifestación de Jesús: “Los ciegos ven, los cojos caminan, los sordos pueden oír” (Is 35, 5-6). Cuando Jesús se presentó en la sinagoga, aseguró que “venía para curar los corazones oprimidos, para romper las cadenas” (Lc 4, 18-19). La presencia de Dios junto a nosotros es para luchar contra el mal.

Jesús exige fe a las personas que se acercan a él. En el Evangelio de Mateo encontramos el caso de un capitán que va a Jesús para pedir por su sirviente, que está gravísimo. Jesús le responde en una forma bastante rara: “Vete a tu casa y que se haga conforme a tu fe”; puso una prueba de fe y el capitán la superó (Mt 8, 13). En el Evangelio de Marcos Jesús baja de Monte Tabor acompañado de tres apóstoles, y se encuentra con que los demás discípulos están en apuros: un papá les llevó a su hijo epiléptico para que lo curaran, y los discípulos no pudieron curarlo. El papá enojado le dice a Jesús: “Lo traje a tus discípulos y ellos no han podido”. Jesús los reprochó, diciéndoles: “Gente sin fe, ¿hasta cuándo tendré que estar con ustedes?”. El hombre le dijo a Jesús: “Si puedes, sánalo”. Jesús le dijo: “¿Cómo que si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. Aquel hombre dijo: “Señor, yo creo; ayúdame a creer”. Es lo que debemos pedir a Dios: que nos ayude a creer.

Sacramentos, febrero, 2016

Jesús quiso perpetuar su ministerio de sanación por medio de los discípulos: “Sanen a los enfermos que haya y díganles: ‘El reino de Dios está ya cerca de ustedes’”(Lc, 10). Jesús les dio un mandato, no fue un consejo: “Salieron a predicarla conversión, sacaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Mc 6, 12). Santiago tiene un texto más específico, que la Iglesia ha insertado en el rito de la Unción de los enfermos: “Si alguno está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia para que oren por él y, en el nombre del Señor, le unjan con óleo, y, cuando oren con fe, el enfermo sanará, y, si ha cometido pecados, le serán perdonados” (St 5, 13-15). Antes se le llamaba extremaunción.

Sacramentos, febrero, 2016

Algunas personas, muy equivocadamente, en estos momentos críticos de los enfermos, dicen: “No llamen al Padre porque se va a asustar el enfermo”. Prejuicio sin sentido cristiano, por el cual muchos han dejado morir a sus enfermos sin el consuelo y los efectos de la oración de la fe. Hay que recordar que además de esperar a que llegue el sacerdote para orar por el enfermo, todo cristiano debe saber que su oración en familia es de valor incalculable por la salud espiritual y física del enfermo.