P. Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG 

Aprovechando que ya el sol se disponía a decir “adiós” a ese viernes, decidí despedirme de los cristianos de la comunidad más joven de Namanga, que tiene por patrono a san Francisco de Asís y que es coordinada por Titus Kivuva. A pesar de que la tarde mostraba ya signos claros del ocaso y de que el viento, sin nada que pudiera interrumpir su camino, se empeñaba en empolvar el vestido de noche de este pueblo fronterizo, el murmullo cotidiano todavía no terminaba y las figuras de las personas a media luz aún se alcanzaban a distinguir gracias a las tenues luces de los quinqués que se mantenían pendiendo de las decenas de puestos que encuentran cobijo a lo largo del camino, las cuales parecían competir con la todavía tímida aparición de las estrellas. Con las frases de “adiós” y “buenas noches” en los labios y unas cuantas paradas para saludar, me dirigía a paso firme hacia la parroquia. Pero justo en la recta final, cuando estaba por tomar el estrecho callejón que va directo hasta la iglesia, escuché una voz conocida que, con familiaridad, me pedía esperar un poco. Al volver la mirada me topé con unos grandes y expresivos ojos que en un desnudo rostro apenas se distinguían entre la capa de humo que se levantaba del pequeño bracero donde asaba los últimos elotes de la jornada. Se trataba de Amina, quien, vistiendo su clásico bui bui, se solidarizaba a las normas tradicionales de su religión musulmana en este viernes de noche sin luna.

Articulos, febrero, 2016

Cuando llegué a su puesto, inmediatamente después de estrechar las manos, me acercó un banco de cuatro patas y, mientras compartíamos las últimas noticias, me ofreció uno de los más grandes elotes que aún tenía para la venta. Sin dejar de pronunciar palabra me dijo que ya estaba pagado. Con asombro ante su revelación, pregunté a quién se lo debía, y me sorprendí todavía más cuando con sencillez me dijo: “¡A tu saludo!”. Tal vez no pude ocultar mi desconcierto, por lo que sonrió y luego continuó: “Sí, lo has ido pagando cada vez que pasas y me saludas a pesar de no ser de tus cristianos”.

Articulos, febrero, 2016

¡Me faltaban palabras para agradecer su generosidad y testimonio, puesto que, más que el tierno y sabroso elote que ya saboreaba, en su sencillez me dio una gran lección. Me despedí deseándole buena noche. Luego seguí mi camino pensando en esta gente que logra ver en lo cotidiano signos de fraternidad; gente sencilla de corazón que es capaz de derribar fronteras de raza y religión para dejar ver la  resencia de un Dios que quiere que nos veamos como hermanos. ¡Gracias, Amina!

Articulos, febrero, 2016