Juan José Ramírez Escarza

Este mes en todo el mundo se celebra la fiesta de san José, quien fue honrado con la alta dignidad de ser el custodio elegido por Dios para velar y educar a Jesús en los primeros años de su vida, y procurar así tanto su bienestar como el de la Virgen María.

Este honor es conferido primeramente por la indiscutible fe que José muestra hacia los designios de nuestro Padre; confía en lo que quiere Dios cuando escucha al ángel mensajero que se le aparece en sueños para decirle: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María, tu mujer, porque el engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”(Mt 1, 20-21).

Al hacer como le dijo el ángel, san José da una prueba irrefutable de confianza en Dios. Por ello, es patrono de la Iglesia universal y ejemplo a seguir para todos los cristianos, primordialmente en lo que refiere a la esperaza en el Señor y el cuidado de una familia.

Editorial_marzo16En la figura de José vemos mucha fe, pero también un camino para transmitir, de padres a hijos, los valores humanos y espirituales que nos llevan a vivir de la forma en que Jesús nos enseñó, con amor y respeto hacia nosotros mismos y nuestros semejantes.

No hace falta recordar que hoy nuestros valores y estructuras sociales se ven confrontados por muchísimos elementos y circunstancias que hacen dudar de nuestras creencias, que retan la fortaleza de nuestra fe. No sólo las familias, sino cada individuo es puesto a prueba en el camino de hallar el sentido de la vida.

Sin embargo, lo que es necesario recordar es que, así como Dios le dio a san José la fortaleza para aceptar y cumplir su voluntad, por sorprendente que esta fuera, de la misma manera Él permanece, amoroso, a nuestro lado para ayudarnos a perseverar en el bien y procurar la felicidad propia y comunitaria.

Únicamente hace falta que nos acerquemos a su presencia. Es necesario pedirle por ese bienestar que Él mismo quiere darnos, pero también agradecer todas las gracias y los dones que nos ha dado, además de confiar, como san José, en los senderos que pone en nuestro camino para llegar a la realización de nuestras vidas.