P. Ignacio Flores García, MG

Queridos Padrinos, reciban un saludo afectuoso desde el Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras, de los Misioneros de Guadalupe. En este mes quiero compartirles la primera de las etapas que vivimos una vez que hemos terminado el Seminario Menor o la experiencia en el Centro de Orientación Vocacional (COV), según las situaciones particulares de cada alumno que quiere ingresar al seminario para ser un sacerdote misionero.

Anteriormente les he platicado sobre la etapa del COV y el periodo de formación en el Seminario Menor. Pues bien, ahora nos adentramos en el nivel del Seminario Mayor, donde se ubican el Curso Introductorio al Seminario de Misiones, el estudio de Filosofía, el Curso de Espiritualidad y Pastoral, y el estudio de Teología, que también puede hacerse en Misiones.

En los próximos números de la revista Almas les iré compartiendo información acerca de cada uno de estos momentos, pero por ahora tengo el gusto de platicarles sobre nuestra formación durante el Curso Introductorio al Seminario de Misiones, mejor conocido como Cisemi.

El lugar donde se tiene este periodo de formación se encuentra en Santiago Tilapa, Estado de México. En este lugar los jóvenes comienzan a formar parte de la gran comunidad del Seminario Mayor, pues, aunque este es un curso apenas introductorio para los estudios de Filosofía y la Teología, así como para la vida en el seminario, en este tiempo los jóvenes candidatos ya comienzan a perfilarse para vivir más de cerca la experiencia de la formación sacerdotal misionera con otros compañeros y sacerdotes que se encuentran en niveles más avanzados.

El Cisemi tiene una duración aproximada de un año, y durante ese tiempo los muchachos cuentan con la presencia de un sacerdote de tiempo completo, quien coordina y acompaña las actividades del grupo a nivel comunitario e individual. Algunas veces el sacerdote asesor se apoya en algún compañero seminarista que se encuentra en algún año especial de servicio o estudio, y entonces este último hace las veces de auxiliar y acompañante en las actividades de los muchachos.

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Lo característico de esta etapa de formación consiste en que cada joven va conociendo las áreas de formación que se consolidarán una vez que ingrese a las etapas de Filosofía y Teología, y que serán las que experimentará de forma vivencial durante el resto de su formación. Las áreas a las que me refiero son la espiritual, la académica o intelectual, la humana-comunitaria, la evangelizadora: de carisma ad gentes (a los no cristianos) y mariano-guadalupana.

En este mismo tiempo, además, va conociendo la vida del seminario más de cerca, conviviendo entre acuerdos y desacuerdos, alegrías y tristezas, empatías y diferencias, en todos los momentos con su nueva familia, y siempre compartiendo el mismo deseo por ser misionero y entregar su vida a Dios por medio de la Misión.

Es importante mencionar que durante este año los muchachos nivelan su potencial académico y se abren a las relaciones con otras personas, como son los sacerdotes misioneros asesores, maestros, familias, con el fin de tener una vida más activa y propositiva para su formación en el apostolado o servicio a las comunidades parroquiales que se les asignan.

Otro detalle importante es que durante este año, casi siempre a mitad del curso, los jóvenes candidatos tienen la posibilidad de recibir y vestir el uniforme eclesiástico o sotana. Algunas veces el revestimiento de la sotana se recibe durante el primer año de Filosofía, pero siempre agrada el saber que pronto uno se uniformará como misionero de Cristo (a mí me pasó así). También hay algunos jóvenes que, al conocer más de cerca la vida del seminario en este año, deciden no comprometerse a usar la sotana y, por tanto, deciden redireccionar su plan de vida, dejar el seminario y continuar con otros proyectos personales, lo c ual e s muy válido.

Ahora bien, las actividades que regularmente se tienen de lunes a viernes consisten en levantarse a las 6 a. m. y tener posteriormente oraciones y Misa. Después viene el desayuno, seguido del tiempo de aseos. Una vez terminados estos menesteres vienen las clases y talleres formativos hasta el momento de la comida. Al terminar de recibir los alimentos nos aguarda un tiempo de deporte o trabajo, que casi siempre es en los jardines. Posteriormente viene el tiempo de baño y estudio personal de las clases recibidas; esto hasta las 6:30 p. m., momento en que se tienen oraciones o Misa, si es que no se pudo tener en la mañana por alguna razón. Acabando la cena se realiza un momento de actividades grupales o de comunidad hasta las 9:30 p. m., que es el momento de terminar el día con las oraciones de la noche para ir a descansar a las 10 o 10:30 p. m. Los sábados se incluyen (o se inserta en lugar del tiempo de estudio y clases) el tiempo de servicio, apostolado en la comunidad, aseos de la casa, tiempos de organización personales, lavado de ropa y actos marianos, donde rezamos el Rosario de manera especial. Finalmente, el domingo se caracteriza por tener más tiempo libre en diferentes momentos del día, ya sea para descansar o preparar actividades de la semana entrante.

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Creo importante decir que siempre están en nuestras oraciones, queridos bienhechores, y el sábado dedicamos el momento especial de nuestras plegarias por cada uno de ustedes y sus familias.

Este primer año de nuestra formación es muy especial. Desde mi vivencia quiero compartirles que fue el más bello de todos, quizá porque fue mi primera experiencia, donde viví muchas crisis, pero también muchísimas alegrías. Fue el primer año que me separé de mi familia biológica para convivir con otra familia grande, de jóvenes y sacerdotes gustosos por seguir descubriendo nuestra vocación sacerdotal misionera. Además, fue en esta etapa donde recibí mi sotana, hace ya 18 años (y aún lo recuerdo), y precisamente la imposición de mi sotana fue lo que me animó a escribir el primer artículo que publiqué en la revista Almas.

Queridos Padrinos y Madrinas, cada vez que voy recorriendo con la memoria estas etapas de nuestra formación me vienen miles de recuerdos, y sin duda en cada uno de ellos están ustedes, quienes nos apoyan y animan a vivir la experiencia de ser misioneros al servicio de Dios en otras tierras lejanas. Gracias por acompañarnos con su oración y sus donativos para seguir la encomienda de Nuestro Señor. Que Dios les bendiga y, a ustedes y sus apreciadas familias, les dé mucho más de lo que generosamente comparten con nosotros.

Jóvenes, ¿no les interesaría conocer la vida del seminario y tener un encuentro con otros muchachos que buscan aclarar su vocación? ¡Estamos a sus órdenes! Ustedes también pueden ser un sacerdote Misionero de Guadalupe. Hagan proyecto con Jesús, anímense. Padrinos, promuevan que la juventud siga a Dios y continuemos siendo instrumentos de su amor.

Los invito a ver un pequeño video en el que podrán escuchar la experiencia de uno de sus ahijados en esta etapa de la formación.