Juan José Ramírez Escarza

Estimados lectores, este mes se celebra el Día de las Madres en diversos países del mundo. Los Misioneros de Guadalupe siempre tienen en mente el papel fundamental de la figura materna tanto en las familias como en la vida de la Iglesia, pues el modelo de evangelización del Instituto es precisamente la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Guadalupe.

El Papa Francisco, en la Audiencia General del 7 de enero de 2015, mencionó que quizás “las madres, dispuestas a muchos sacrificios por los propios hijos, y no pocas veces también por los de los demás, deberían ser más escuchadas”. Se trata de una invitación a recordar su papel fundamental en la educación de los niños, pues no únicamente otorgan la vida, sino que siembran la semilla de la fe y los valores cristianos en sus hijos.

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En la misma audiencia, el Papa Francisco recordó una homilía del arzobispo beato Óscar Arnulfo Romero para el funeral de un sacerdote asesinado por los escuadrones de la muerte, y lo citó: “Todos debemos estar dispuestos a morir por nuestra fe, incluso si el Señor no nos concede este honor… Dar la vida no significa sólo ser asesinados; dar la vida, tener espíritu de martirio, es entregarla en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana; dar la vida poco a poco. Sí, como la entrega una madre, que sin temor, con la sencillez del martirio materno, concibe en su seno a un hijo, lo da a luz, lo amamanta, lo cría y cuida con afecto. Es dar la vida. Es martirio”.

Esa misma actitud es la que se nos pide a todos los cristianos para llevar la luz del Evangelio a quienes no lo conocen. Nuestras mamás son ejemplo de entrega, ternura, fortaleza, incluso en los peores momentos; son el mejor modelo para acabar con el individualismo y vivir cada vez más a la manera de Jesús. ¡Recordemos, escuchemos y sigamos el ejemplo de nuestras madres, no únicamente este mes, sino cada día de nuestra existencia!