P. Ignacio Flores García, MG

Queridos bienhechores, reciban nuevamente un afectuoso saludo de parte de todos sus ahijados Misioneros de Guadalupe. Siguiendo nuestro programa de narración acerca de la manera en que nos formamos los sacerdotes en el Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras, en este mes quiero compartirles unas palabras acerca de la experiencia que vivimos durante el tiempo del estudio de Filosofía.

El objetivo de esta etapa básicamente consiste en “formarnos en el conocimiento e interpretación más profundas de la persona, de su libertad y de su relación con el mundo y con Dios… De modo particular, entender la inculturación y su importancia en la evangelización ad gentes (a los no cristianos)”. Con este fragmento, que tomo de nuestro Manual de Formación, trato de ilustrar en lo más posible de qué se trata este momento de nuestra preparación misionera.

Es cierto que durante esta etapa le ponemos mucho énfasis a la parte académica de nuestra preparación, pero sin descuidar las otras dimensiones, mismas que les comenté el mes pasado, a saber: la humana-comunitaria, la evangelizadora y la espiritual. Para nosotros es importante profundizar, como bien dice el fragmento antes expuesto, en los pensamientos racionales que a lo largo de la historia han marcado las ideas que muchos hombres y mujeres entienden de Dios, del mundo y del mismo hombre, que constantemente se encuentra haciendo preguntas sobre estas realidades.

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Para algunos de nosotros esta etapa se convierte al principio en un momento muy árido de nuestra formación, y varios decimos que es aburrido tener que leer y tratar de asimilar algo que “poco se entiende”, que no es muy común o simplemente atractivo. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, vamos desarrollando una simpatía por los pensamientos de muchos filósofos que nos hacen reflexionar sobre los modos en que se ha tratado de entender la vida y nos invitan a pensar, con nuestra propia perspectiva, en las situaciones que vivimos.

A veces llegamos al momento de los alimentos argumentando y defendiendo los propios puntos de vista que surgieron durante las clases. Me acuerdo de mí, mordiendo una tortilla enrollada y defendiendo una idea frente a mi compañero de clase, para al final, después de pasar un buen rato escuchándolo, decirle ese dicho socrático: “Yo solo sé que no sé nada”, que para mí era una forma divertida de decirle: “¡Ya cállate, es hora de comer!”.

Algunos de nosotros a veces sentimos que definitivamente no es nuestro camino eso de los libros y los pensamientos filosóficos; algunos tenemos la dificultad de comprender al principio, pero nos damos un tiempo para seguir madurando nuestro pensamiento y tratar de entender; y otros más nos enamoramos de la filosofía hasta el grado de profundizar profesionalmente. En mi caso han sido estos dos últimos casos.

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Por fortuna tenemos la gran ventaja de realizar los estudios de Filosofía en la Universidad Intercontinental, que muchos de ustedes ya conocen; y la Escuela de Filosofía tiene la cualidad de satisfacer las expectativas de nuestros propósitos de formación. Algunas otras comunidades religiosas incluso acuden a formarse con nosotros en esta dimensión académica.

Como en cualquier carrera profesional, a nosotros también se nos exige tener una excelente formación para responder de la mejor manera a los retos del mundo de hoy desde un panorama más reflexivo y analítico, razón por la cual nos esforzamos por adquirir, en lo más posible, las herramientas que nos lleven a este fin. Durante nuestro tiempo de estudio combinamos, como ya bien les decía, nuestra oración, nuestras tareas de apostolado en parroquias, cárceles y hospitales, así como también dedicamos tiempo para el deporte y la recreación. Seguimos viviendo en compañía de nuestros amigos y hermanos, al igual que el sacerdote asesor encomendado para nuestro acompañamiento durante los tres años que generalmente dura este periodo formativo. Algunos alumnos estudian únicamente dos años por cuestiones de edad o por contar con estudios previos, y otros más hacemos cuatro años hasta la titulación, para seguir preparándonos más adelante en otras especialidades.

La etapa de Filosofía a veces nos trae muchas sorpresas, pues nos permite entrar en momentos de cuestionamiento y reflexión más profunda, tal y como se los he comentado anteriormente. Junto a la oración, nuestro compromiso humano crece, especialmente en momentos de apostolado o servicio, donde entramos en contacto con muchas personas.

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Un horario común es demasiado parecido al que se maneja en el Seminario Menor, el Cisemi y los estudios de Teología (que próximamente les estaré narrando). Este consiste en levantarse a las 5:45 o 6 a. m. para prepararnos a las oraciones y la Misa. Luego viene el desayuno y alistarnos para comenzar las clases, que regularmente inician a las 8 a. m. Las clases terminan con el tiempo de los alimentos, que es a las 2 p. m., y luego hay un momento para juego y baño. A eso de las 5 p. m. volvemos a dedicarnos a los estudios y tareas. A las 7:30 p. m. hay oraciones, y seguimos con la cena a las 8 p. m. Luego viene un momento de descanso y esparcimiento, aunque algunos continuamos con las tareas hasta las 10 p. m., hora a la que son las oraciones. Después de este tiempo algunos seguimos con las lecturas y las tareas.

Las características particulares que se podrán encontrar en esta etapa son algunas actividades especiales, como por ejemplo la tarde libre, que generalmente son los miércoles después de la comida y que nos permite despejarnos, lavar algo de ropa, salir a dar una vuelta, descansar, etc. El jueves tenemos nuestra Hora Santa por las mañanas y Misa misional por las tardes, donde un sacerdote nos comparte sus experiencias en tierras de Misión. Los viernes son tardes de apostolado, en las cuales vamos a hospitales, parroquias o cárceles a compartir un servicio de catequesis, visiteo y cercanía con la gente.

Los sábados y domingos hay variaciones, ya que salimos a colectas a alguna parroquia, realizamos trabajo de limpieza en el seminario, hay convivencias entre nosotros o por grupos, dedicamos tiempo para organizar nuestra semana o jugar un poco más, hay días de retiros comunitarios, etc. Y el domingo es día de visitas familiares, que son una vez por mes, para convivir con nuestros padres, hermanos, amigos y conocidos.

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En lo personal estos estudios me han ayudado a tratar de ser más reflexivo y, de igual modo, a comprometerme más con el anuncio del Evangelio, especialmente entre otros pueblos que en diferentes continentes tienen su propia forma de pensar y ver la realidad. Al igual que en todos los seminarios católicos de nuestra Iglesia, y más para nosotros como misioneros, esta es sin duda una de las herramientas más esenciales para nuestra formación.

Nuevamente quedo en deuda por omitir algunas cosas que pudieran ser de interés, especialmente para jóvenes que tienen inquietud de ingresar al seminario. Por tal motivo sigo invitándolos a preguntar, conocer y animarse a vivir la experiencia de la formación sacerdotal misionera; con mucho gusto estamos para compartir muchas de nuestras experiencias.

Dios los bendiga, queridos Padrinos, y nuevamente pido que el Señor les colme de bendiciones. Si gustan, los invito a ver este video para conocer un poco más de lo que les narro: