P. Benjamín Marín Cano, MG

La Iglesia inició desde hace unos meses el Jubileo de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco. La misericordia es una de las virtudes más importantes y menos practicadas por la gente; nos hace tener un mismo corazón, acercarnos al sentir de los menos afortunados, los que sufren, los que no encuentran un lugar en la familia o la comunidad.

Cada sociedad tiene defectos y cualidades, y Corea no es la excepción. Desde su división en dos países, tras una guerra de tres años que dejó millones de muertos y desplazados, la gente perdió el sentido de familia, pues migraron y regresar a los lugares de origen resultaba difícil. Sin embargo, muchas personas se sintieron acogidas por diversas Iglesias cristianas, lo que explica el gran desarrollo que han tenido en el país; la Iglesia católica acogió a muchos necesitados.

Misioneros de Guadalupe llegó a Corea en ese momento de transición, y recibió varias parroquias que atendían los Misioneros Columbanos en la Diócesis de Kwangju, donde aún se continúa trabajando. Desde el principio los Padres mexicanos ayudaron con lo que la Iglesia de otros países podía ofrecer para ayudar a los más pobres, y algunos, como el P. Francisco Arriaga M., MG, realizaron varias obras en beneficio de las comunidades. Se construyeron caminos, represas, obras que beneficiaban a la sociedad en general, y quienes trabajaban en las obras recibían el pago por su trabajo en kilos de harina. Era una manera de ayudar al mayor número de personas.

art2_junio16_1

En aquel tiempo tener un kínder en las parroquias era de gran ayuda para las comunidades y permitía el primer contacto con quienes no eran católicos. En este sentido, nosotros siempre supimos aceptar a los coreanos y acogerlos en la comunidad parroquial, incluso sin contar con tantos recursos como otras sociedades misioneras.

Los tiempos han cambiado y la sociedad se ha hecho indiferente debido a la necesidad de tener dinero, más bienes y beneficios. La comunidad parroquial dejó de ser el centro de interés; se asiste menos a la iglesia, en particular niños y jóvenes, y muchas familias se encuentran desintegradas, ya que cada miembro tiene compromisos y necesidades personales. Esta es la sociedad donde ahora continuamos trabajando los Padres MG en Corea: menos sacerdotes, menos parroquias, pero más trabajo para acercar a la gente hacia el amor de Dios, en una sociedad donde muchos se sienten excluidos y el suicidio llega a ser común.

En líneas generales el Misionero de Guadalupe es bien aceptado y la mayoría de los fieles tiene un buen concepto de él, a pesar de que a veces las limitaciones en la lengua son un obstáculo. Sin embargo, esta limitación también puede ser una ventaja, sobre todo cuando la gente, al confesarse o tener un diálogo con el párroco, busca primordialmente ser escuchada, sentir que alguien está siendo atento con la problemática que está pasando. Muchas veces para el sacerdote es más fácil juzgar, condenar o tratar de dar largos sermones y consejos, pero las limitaciones del idioma, incluso no habiendo entendido todo lo que se nos ha confesado, nos obligan a escuchar atentamente y, por lo tanto, a dejar más en paz a la persona, pues halla en nosotros a alguien que no condena y que únicamente le pide estar en paz con Dios. Eso hace que mucha gente sienta la misericordia de Dios de una manera más práctica y real.

art2_junio16_2a

Por eso hemos encontrado tres espacios importantes en el trabajo misionero en Corea: seguimos teniendo parroquias (que son la comunidad más importante), hospitales y universidades.

Dependiendo de la parroquia puede ser la población que asista, y en aquellas de campo encontramos gente de la tercera edad, que es la que más ha sufrido los cambios de un país que pasó de una sociedad agrícola a una sociedad urbana y moderna. Muchos de ellos gozan los beneficios de la modernidad, pero también ha surgido un gran problema: muchos de ellos se sienten solos, abandonados por su familia y la sociedad, y desafortunadamente en algunas ocasiones así es.

Por ello, pertenecer a una comunidad es tan importante: saber que alguien se preocupa por mí y soy importante para mi párroco y mis hermanos de fe; aquí vemos el sentido de la misericordia en un aspecto profundo. La gente nos quiere mucho y se siente responsable por nuestro bienestar. Personalmente he comprobado que al dejar una parroquia, mucha gente llora con sinceridad. Es sorprendente el sentimiento de cariño entre el sacerdote y los fieles; a través de un testimonio de entrega, y aceptación, de estar con ellos, motivamos la armonía del corazón.

Por otra parte, en las parroquias de ciudad hay mucha más gente, y en particular los niños se interesan por escuchar al Padre extranjero, aunque no comprendan en su totalidad lo que predica. Si bien la relación con la comunidad es diferente, también suelen dar muestras de aprecio y cariño cuando tenemos que partir a otro lugar, en especial los niños y los jóvenes. Con ello entendemos que aceptar, estar y convivir con la gente es muy importante para comprender el sentido de la misericordia de Dios.

art2_junio16_4

En los hospitales, donde se puede experimentar el vacío y la soledad, la angustia y el dolor, esos sentimientos se hacen mayores cuando alguien, además, no tiene fe. No en pocas ocasiones es reconfortante que un desconocido extranjero muestre interés, salude, ofrezca algunas palabras de aliento y pida por los enfermos. Entre los pacientes siempre hay quienes, por diferentes motivos, están peleados con Dios, y recibir la presencia de un sacerdote extranjero los hace reflexionar y, muchas veces, los acerca de nuevo al Señor. Algunos recuerdan que recibieron el bautizo de manos de un sacerdote extranjero, y eso los acerca más, por lo que al final se confiesan o regresan a la Iglesia. Un hospital también es un lugar de encuentro con la misericordia de Dios; por eso seguimos trabajando ahí, a pesar de lo duro y estéril del trabajo en la Pastoral de la Salud.

Las universidades son un verdadero campo de batalla donde los jóvenes luchan todos los días por ser mejores estudiantes y subir sus notas. Encontrarse con un capellán, tener retiros y convivencias, y, en general, participar con gusto y alegría en su comunidad universitaria, les hace el tiempo de la universidad más ligero y les permite tener un encuentro con su fe y analizar de qué manera pueden ayudar mejor a su sociedad después de su graduación.

art2_junio16_3

En estos 53 años de servicio, la Misión de Corea ha tenido problemas, falta de personal, limitaciones por la diferencia de cultura. Son frustrantes las ocasiones en que no podemos decir y hacer lo que quisiéramos, y conformarnos con hacer sólo lo que podemos. Sin embargo, presentar el rostro de la Iglesia de México (una Iglesia alegre, de esperanza), y compartir lo que somos y tenemos, ha sido la mejor manera de dar el mensaje de salvación a esta sociedad que por momentos sufre los problemas de la modernidad. El rostro de un Dios misericordioso, un Padre bueno que ama a sus hijos, es lo que tratamos de mostrar en las parroquias, hospitales y universidades día con día.