Juan José Ramírez Escarza

Estimados lectores, el tercer domingo de este mes, como cada año, en nuestro país festejamos el Día del Padre. En la revista Almas queremos compartir algunos pensamientos acerca de la figura paterna en la familia cristiana.

Desde hace mucho tiempo se ve en los padres de familia a los pilares del hogar. Son ellos quienes tradicionalmente procuran el sustento y tienen la responsabilidad del bienestar material de la familia, si bien esto ha cambiado y en la actualidad estas obligaciones son compartidas con las madres.

Editorial_junio2016

El Papa Francisco nos ha advertido sobre dos de los peligros a los que se enfrentan las familias en cuanto a la figura paterna. Por un lado, el autoritarismo, que hace que sean vistos como representación de una ley impuesta, censores de felicidad y obstáculos para la emancipación y autonomía, lo que en muchos casos va acompañado de maltrato, de falta de respeto hacia los hijos, a quienes no se les permite construir su camino con libertad ni asumir la responsabilidad de construir su futuro y su lugar en la sociedad. Por otro lado, en el extremo opuesto, la ausencia del papá: muchos padres de familia, por las exigencias de nuestra época, están más avocados a sus necesidades personales y su desarrollo laboral al punto de olvidar a su familia, lo que provoca que niños y jóvenes crezcan en soledad, sin la guía necesaria para conducirlos por el buen camino.

La palabra Padre tiene una connotación especial para los cristianos: ese es el nombre con el que Jesús nos enseñó a llamar y dirigirnos a Dios; es una muestra de la relación especial que tenemos con Él. Por ello, el ser padre de familia debe asumirse como una responsabilidad para dar amor y “gastar” tiempo con nuestros hijos, para procurarles no únicamente bienestar material sino también las bases sobre las cuales se desarrollen como buenos cristianos, responsables y participativos en su rol decisivo dentro de la sociedad.