Juan José Ramírez Escarza

Estimados lectores de la revista Almas: a finales de este mes en Cracovia, Polonia, tendrá lugar la XXXI Jornada Mundial de la Juventud 2016, que en esta ocasión se inserta en el Jubileo de la Misericordia.

En su mensaje hacia los jóvenes católicos de todo el mundo, el Papa Francisco nos recuerda que la misericordia divina “implica hacer espacio al otro dentro de uno, sentir, sufrir y alegrarse con el prójimo”, lo que incluye “un amor que es fiel, gratuito y sabe perdonar”. De igual manera, el Papa hace una invitación a los jóvenes para que cada mes realicen una obra de misericordia corporal: alimentar a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos, acoger a los extranjeros, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos, y una de misericordia espiritual: aconsejar a los que dudan, enseñar a los ignorantes, advertir a los pecadores, consolar a los afligidos, perdonar las ofensas, tener paciencia con personas molestas, rezar a Dios por vivos y difuntos (cfr. Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud 2016).

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Sabemos que la persona que mejor encarna la misericordia de Dios es su Hijo, quien siempre se muestra dispuesto a darse a quien más lo necesita: el enfermo, el pecador, el pobre. Es una actitud de entrega y de amor que nos invita una vez más a acercarnos a nuestro Padre sin temor, para procurarnos los cambios que necesitemos en virtud de llevar una vida mejor, para nosotros y para quienes nos rodean.

Por ello, el espíritu misionero que nos mueve a llevar el Evangelio a donde no lo conocen, también nos inspira a vivir como Jesús, a ser sus discípulos y, con nuestras propias vidas, dar testimonio de sus enseñanzas. Hacemos eco de la invitación del Santo Padre, para que nuestros jóvenes lectores redescubran y pongan en práctica las obras de misericordia, y vivan de forma plena su ser cristiano.