P. Damián Iván Bernal Cordero, MG

Ha sido hermoso ser testigo de los prodigios de Dios. Testimoniar de primera mano cómo, en el día a día, el Señor sigue actuando en los corazones de los hombres y las mujeres me lleva a afirmar que nuestro Padre siempre cuida de nosotros.

Durante los últimos 10 años he tenido la oportunidad de ver a Dios actuar en los corazones de sus hijos mozambiqueños y kenianos. En aquellas tierras de Misión, Él me permitió ser testigo de sus prodigios al presenciar el proceso de conversión de varias personas que dieron un giro total a sus vidas después de un encuentro personal con Cristo resucitado, y hoy son fieles que participan con mucho ánimo de las celebraciones de la Iglesia.

art1_septiembre16_1En días pasados, al llegar a México, tuve la oportunidad de participar en una colecta-promoción que nuestro Instituto realizó en la Arquidiócesis de Monterrey. En ese lugar el Padre me permitió ser testigo, una vez más, de su Providencia y del maravilloso amor que tiene para con los Misioneros de Guadalupe, el cual se manifiesta a través de tantos Padrinos y Madrinas que contribuyen generosamente con nosotros y se hacen copartícipes de nuestro proyecto misionero.

Durante esta actividad en la Arquidiócesis de Monterey, en particular en la Parroquia de San Alfonso María de Ligorio, Dios me concedió la gracia de descubrir una vez más su maravilloso cariño hacia todos nosotros, sus hijos, y lo hizo a través del testimonio del señor Nazario C. A., de 67 años, quien hoy en día es un testigo vivo de que Él siempre está pendiente de nosotros.

art1_septiembre16_2Don Nazario me comentó que fue bautizado, como casi todos nosotros, cuando apenas era un bebé, pero desde muy pequeño ya no quería entrar al templo, a donde por lo general lo llevaban a la fuerza. Don Nazario sentía en su ser cierta aversión por las cosas de Dios, y así se fue alejando de la Iglesia y continuó con su vida “lejos” de nuestro Padre.

Sin embargo, en octubre del año 2015, después de muchos años en los que trató de esquivar todo aquello que tuviera que ver con el Padre, se encontró con Cristo Resucitado, quien le hizo ver que siempre estuvo a su lado y, además, le dio su ayuda para superar las diversas dificultades de la vida.

art1_septiembre16_3De esa manera, a partir de ese encuentro personal con Dios, don Nazario volvió a entrar en un templo y su vida comenzó a dar un giro, de tal manera que llegó a recibir la Primera Comunión el pasado mes de abril, ¡a sus 67 años! Por eso, el día de hoy, él da gracias al Señor.

Queridos Padrinos y Madrinas, seamos testigos de los prodigios de Dios y testimoniemos las diversas formas mediante las cuales Él sigue actuando en nuestros corazones. ¡Compartamos con todos esas vivencias que nos hacen reconocer que Dios siempre está pendiente de nuestras necesidades!