P. Ignacio Flores García, MG

Queridos bienhechores, reciban un afectuoso saludo de sus ahijados, Misioneros de Guadalupe. En este mes tan patriótico, donde nuestras costumbres y tradiciones nos hacen sentir muy mexicanos, quiero compartirles algunos aspectos que caracterizan nuestra formación sacerdotal misionera en tierras de Misión.

Como les decía el mes anterior, una de las etapas de nuestra preparación hacia el sacerdocio misionero consiste en los estudios teológicos. Les comenté sobre nuestro proceso de aprendizaje y vivencia en el Seminario de Misiones y el estudio que hacemos en la Facultad de Teología, de la Universidad Intercontinental, en la Ciudad de México.

Pastoral_septiembre16_2Ahora les hablaré de la segunda vertiente de nuestros estudios teológicos: cuando se cursan en el extranjero. Para continuar, les comento el objetivo que se busca alcanzar en este nivel, conforme a lo que nos señala nuestro Manual de Formación MG: “Continuar la formación teológica a fin de adquirir el dominio de la lengua y el conocimiento de la cultura del país, que capacite para la labor misionera en la Iglesia local” (núm. 18). Yo tuve la oportunidad de ir como estudiante a tierras extranjeras y alcanzar así este objetivo, y les confieso que estudiar en la Misión ha sido una de las etapas más significativas en mi vida como misionero.

Los alumnos que son enviados a Misiones tienen la característica de haber hecho el Curso de Espiritualidad y Pastoral (Cespa), y haber realizado ya su primera Promesa temporal al Instituto. De igual modo, son también candidatos para estudiar en el extranjero aquellos seminaristas que hayan realizado al menos un año de estudios teológicos en México. En mi caso no estudié mi primer año de Teología sino hasta que estuve en tierras de Misión, debido a que mi nombramiento fue para estudiar en África; sin embargo, aquellos que son destinados a Asia generalmente sí realizan este año de Teología en México. El motivo de realizar un año de teología antes de ir a Oriente obedece a las circunstancias culturales y de idiomas, así como a las características del estudio.

Habría mucho que abundar en este aspecto, pero prefiero continuar con la explicación de lo que ocurre cuando los seminaristas ya estamos en el extranjero. En primer lugar, nos dedicamos a aprender idiomas, ya que todos nuestros estudios se hacen en inglés o en la lengua que se requiera según el país.

Pastoral_septiembre16_1Por otra parte, en la experiencia teológica de Misiones vivimos en compañía de los Padres Misioneros de Guadalupe durante los primeros meses, hasta lograr una inserción cultural adecuada que nos permita movernos y comunicarnos entre los hermanos a quienes fuimos enviados. Entre los seminaristas hay un sacerdote dedicado a su acompañamiento, quien los anima frente a los choques y crisis que se tienen muy frecuentemente con la nueva cultura que encontramos al estar fuera de México. Así, pues, al estar en Misiones el alumno se dedica, además de la lengua, a estudiar la cultura.

Como son pocos los seminaristas que tienen esta oportunidad, hay horarios específicos y nos organizamos personalmente para las tareas académicas, pues algunos de los niveles de comprensión de los idiomas y las capacidades de inserción son distintos según el alumno. De esta forma, cada uno se va acomodando a su propio ritmo, sin descuidar momentos importantes en nuestro día, como son: oraciones, alimentos y momentos de comunidad.

En África, los seminaristas tienen una casa destinada para residir y es conocida como Centro de Formación para África (CFA), mientras que en Asia, por ser menos los alumnos, viven en la parroquia del Padre encargado, haciendo así el voto de vivir en comunidad y estar unidos siempre que se pueda.

Pastoral_septiembre16_3El tiempo de formación en Misiones requiere de algunos años que, desde mi experiencia, se pasan muy rápido. En África generalmente son cinco años y en Asia llegan a ser hasta siete; en este último caso se debe al dominio de las lenguas orientales, como el japonés, el coreano y el chino cantonés. Los jóvenes que lleguen a leer esto pueden sorprenderse, y los comprendo, pues así me sucedió a mí. Sin embargo, el tiempo se pasa volando y al parecer, este es el sentir de la mayoría de los misioneros que hemos vivido la experiencia de ser alumnos en Misiones. Por tanto, queridos jóvenes, no se asusten, todo este tiempo se va en un abrir y cerrar de ojos.

Así mismo, al estar en tierras de Misión tenemos trabajo, esparcimiento y vacaciones. De igual modo, nunca descuidamos nuestras bases de formación, que son las áreas espiritual, pastoral, académica y humano-comunitaria, mismas que hemos venido adquiriendo de tiempo atrás en las distintas etapas de formación inicial de las que ya les he hablado.

Hablando desde mi experiencia, he de ser honesto y decirles que nuestra vida en Misión también significa una renuncia. Por ejemplo, en estos días patrios, cuando estamos en Misiones nos juntamos y tratamos de hacer tortillas para poder comer unos tacos riquísimos, unas tostadas, un pozole que surge de la creatividad de los misioneros hábiles en la cocina y de quién sabe qué clase de maíz, pero que nos consiente el paladar; procuramos preparar unas salsas picosas, agua de sabor jamaica o tamarindo. Tampoco falta quien tome la guitarra y cante “Cielito lindo” o “México lindo y querido”, además de usar los típicos sombreros y ondear nuestra bandera tricolor. Todo esto nos recuerda que somos mexicanos que llevamos entre cantos y alegrías el Evangelio de la Buena Nueva. Estos somos los Misioneros de Guadalupe, sus ahijados, en países de Misión, ¡lejos de nuestras familias y amigos!

Yo pasé seis navidades lejos de mi familia, seis septiembres fuera de la patria. Fueron seis años de formación que, por otra parte, pasaron muy rápido para mí. Fue un tiempo que pasé aprendiendo, conociendo gente, hablando a otros de Dios y ofreciendo mis oraciones por todos ustedes. ¡Sin duda fue un tiempo de muchas bendiciones!

Pastoral_septiembre16_4Muchos misioneros somos muy felices por hacer este servicio y nos sentimos muy contentos de vivir esta experiencia de Misión que Dios nos encomienda, por nuestras virtudes y a pesar de nuestras limitaciones.

Queridos Padrinos y Madrinas, los invito a que sigan apoyándonos en nuestra formación, principalmente con sus oraciones. A los jóvenes los invito a tomar el reto de decirle a Dios: “Aquí estoy”, para ofrecer lo que son y su vida en favor de la evangelización. ¿No les gustaría ser Misioneros de Guadalupe? Ustedes propongan y el Señor dispondrá, les aseguro que, en cualquier caso, no se arrepentirán.

El próximo mes les platicaré con gusto de nuestra siguiente etapa de formación y de la cual han nacido muchos artículos que les he compartido en otros momentos. Por lo pronto los invito a ver un video que tomé a los estudiantes que partieron hacia Oriente, específicamente, a Corea del Sur; así se iban desde el seminario:

¡Dios los bendiga, Padrinos!