P. Gabriel Altamirano Ortega, MG

La Parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús, en la que colaboro como vicario, fue escogida, por el Cardenal John Tong Hon, Obispo de Hong Kong, para ser uno de los siete lugares de peregrinación en el territorio, durante el Año Santo de la Misericordia.

La apertura de la Puerta Santa en este lugar de peregrinación fue el día 1 de enero, presidida por Mons. Michael Yeung Ming-cheung, uno de los tres obispos auxiliares de la diócesis.

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Para la parroquia resulta de gran importancia constituirse como un instrumento a través del cual se manifieste la misericordia del Padre en su Hijo Jesucristo. A unos minutos de la iglesia y dentro del territorio de la parroquia se encuentra un área tradicional de la región: Mongkok, que en 2014, cuando se suscitó el movimiento de protesta contra el sistema impuesto para elegir al jefe de gobierno en Hong Kong, tuvo toda la atención a nivel local e internacional.

A medida que el movimiento de protesta se prolongaba por semanas y meses, la división entre quienes brindaban su apoyo al movimiento y quienes se oponían a él se fue haciendo cada vez más profunda. Esta división en la sociedad impactó también a la comunidad creyente a nivel diocesano, en especial a la comunidad parroquial, por su cercanía con uno de los lugares de la protesta.

En meses pasados, concretamente de la noche del 8 de febrero a la mañana del día 9, inicio del Año Nuevo Chino, Mongkok volvió a ser el foco de las noticias locales e internacionales, pues durante casi diez horas se dieron enfrentamientos violentos en el área, los cuales, al parecer, fueron provocados por la remoción de vendedores ambulantes que tradicionalmente venden comida en ese lugar, sin estar autorizados, durante los festejos del Año Nuevo.

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El gobierno local declaró que no se trató de una reacción natural en defensa de los ambulantes, sino de un motín organizado, entre otros, por un grupo autodenominado localistas, que pretende defender la cultura local y protegerla de lo que ellos consideran intervención indebida del gobierno central de Pekín.

Por su parte, el gobierno central no tardó en etiquetar a este grupo como separatista, y declarar que no permitirá este tipo de actividades violentas que atentan contra la unidad del país. Los últimos motines en Hong Kong sucedieron en los años sesenta, como repercusión de la Revolución cultural que se vivió en China, pero desde entonces hasta ahora las protestas, que las ha habido casi continuamente, han sido pacíficas.

Una vez más se ha puesto de manifiesto la división que existe en la sociedad de Hong Kong. Y es en estas circunstancias de tiempo y de lugar cuando se celebra el Año Santo de la Misericordia. Es verdad que las actividades de este año se dirigen, en primer lugar, a la comunidad creyente, que es el sujeto que vive la experiencia de la fe, como fruto de la misericordia del Padre en su hijo Jesucristo. Sin embargo, todo ello se realiza con la visión y la esperanza de que esta comunidad, minoría en la sociedad, aporte una mirada desde la fe para enfrentar las divisiones, con el fin de encontrar un camino de solución.

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El 11 de febrero, con motivo de los hechos violentos sucedidos en Mongkok, el Cardenal John Tong Hon envió una carta a todas las parroquias. En ella pone de manifiesto que la violencia no es el camino para resolver los problemas sociales que se viven en Hong Kong. Es necesario, por una parte, superar la indiferencia que se convierte en humillación hacia los menos favorecidos; por otra parte, se debe acabar con el cinismo de quienes, sin palabras, dicen que todo está bien, mediante la cooperación al cuidado de los pobres y necesitados. La comunidad creyente fue invitada para que en las prácticas propias del tiempo de Cuaresma, ayuno, oración y limosna, tuviera presente el bienestar de la sociedad entera y la solución de las divisiones.

Este fue el inicio del Año Santo de la Misericordia en la Diócesis Hong Kong, y en especial en la Parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús. Esperamos que este año jubilar cumpla sus propósitos y la comunidad de creyentes proyecte la misericordia de nuestro Padre hacia los otros sectores de la sociedad que tanto la necesitan.