P. José Navarro González, MG

Estimados Padrinos y Madrinas, el mes pasado comenzamos a hablar acerca de la veneración de imágenes. Explicamos la diferencia entre venerar imágenes y adorar a Dios; comentamos que es una práctica usual en varias religiones cristianas y también mencionamos el motivo por el que el pueblo hebreo sintió la necesidad de tener una imagen del Dios en el que creían.

Para continuar con nuestro tema, les hablaré acerca de la palabra ídolo. Este vocablo significa imagen en griego, y en la antigüedad se aplicaba a cualquier tipo de imagen.

Es importante diferenciar y evitar confusiones en cuanto a las imágenes de los dioses, en las cuales creían los pueblos paganos, como si esos mismos dioses estuvieran allí, y por eso las adoraban, y las imágenes que no eran adoradas y que se juzgaban únicamente como representaciones de alguna otra cosa.

Por ejemplo, Jacob (quien después sería llamado Israel), en sus andares y visiones, sentía la necesidad de fabricar o levantar una estela, no para adorarla, sino sólo como recordatorio de alguna visión o manifestación divina (véase Gn 28, 10-22).

Y este es el sentido que los católicos debemos darle a las imágenes que tenemos: crucifijos, imágenes de la Virgen María y de los santos, son un mero recordatorio de Jesús (que murió en la cruz por nuestra salvación), de María o de los santos que, siendo simples mortales, un día decidieron seguir (en cuerpo y alma) a Cristo y poner en práctica sus enseñanzas. Ellos son un ejemplo a seguir para nosotros; si ellos pudieron convertirse en auténticos discípulos de Jesús, también nosotros podemos.

Una comparación puede ser esta: los retratos o fotos que tenemos de nuestros seres queridos (o las fotos de nosotros mismos) no las adoramos, pero sí las vemos con cariño, venerando sobretodo la memoria de nuestros familiares que ya han abandonado este mundo. En la Grecia antigua estas fotos también hubieran sido llamadas “ídolos”.

Creo que ha sido bien establecida la gran diferencia entre lo que es adorar y lo que es venerar. Tan es enorme la diferencia que, en el libro del Éxodo, a cinco capítulos de donde se escribió la prohibición de hacer imágenes, Dios mismo ordena a Moisés la fabricación del Arca de la Alianza, con imágenes de querubines –ángeles, seres espirituales y celestiales– (ver Ex 25, 18-22).

De esto ¿vamos a concluir que Dios mismo se está contradiciendo? ¿O quizá son dos acepciones de la misma palabra imagen? De cualquier forma, el Arca de la Alianza significaba la Presencia de Dios entre su pueblo y el medio para comunicarse con ellos (Ex 25, 22).

De la misma forma, 90% de todos los cristianos del mundo (no nada más los católicos, como ya dijimos) usa las imágenes para ponerse en contacto con Dios directamente (ante el crucifijo) o a través de los intercesores (ante las imágenes de la Virgen María o de los santos), a quienes Dios ha puesto como mediadores para comunicarnos con Él, así como hizo con Moisés o los profetas, que eran intercesores entre el pueblo de Israel y Dios.

Estimados lectores, espero haber aclarado las principales dudas acerca de la veneración de imágenes en nuestra religión. En otros números de la revista Almas trataremos más temas que nos ayuden a conocer bien nuestra fe.

¡Hasta la próxima!