El anuncio gozoso de la Pascua: Jesús, el crucificado, “no está aquí, ¡ha resucitado!” (Mt 28, 6), nos ofrece la certeza consoladora de que se ha salvado el abismo de la muerte y, con ello, ha quedado derrotado el luto, el llanto y la angustia (cfr. Ap 21, 4). El Señor, que sufrió el abandono de sus discípulos, el peso de una condena injusta y la vergüenza de una muerte infame, nos hace ahora partícipes de su vida inmortal, y nos concede su mirada de ternura y compasión hacia los hambrientos y sedientos, los extranjeros y los encarcelados, los marginados y descartados, las víctimas del abuso y la violencia […] a todos dirijo una vez más las palabras del Señor resucitado: “Mira, hago nuevas todas las cosas… al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente” (Ap 21, 5-6). ¡Que este mensaje consolador de Jesús nos ayude a todos nosotros a reanudar con mayor vigor y esperanza la construcción de caminos de reconciliación con Dios y con los hermanos! ¡Lo necesitamos mucho!

Francisco
Mensaje Urbi et orbi, Pascua 2016
27 de marzo de 2016