P. Ignacio Flores García, MG

Universal:
Los jóvenes.

Por los jóvenes, para que sepan responder con generosidad a su propia vocación y consideren seriamente, también, la posibilidad de consagrarse al Señor en el sacerdocio o en la vida consagrada.

Hoy es evidente la carencia de vocaciones para muchas comunidades religiosas que se ven en la triste necesidad de cerrar conventos, seminarios y monasterios, por la falta de jóvenes motivados para el proyecto de Cristo. Los laicos también denuncian la falta de sacerdotes y religiosas que acompañen la vida parroquial y comunitaria. Muchos jóvenes se encuentran distraídos por la tecnología y una cultura en que lo material y pasajero es, engañosamente, más importante. Así mismo, influye nuestra indiferencia por acercar y mostrarles la presencia de Cristo como modelo de vida. Debemos despertar, motivar, sacudir, proponer e invitar a los jóvenes de nuestras familias y comunidades a buscar un sentido de vida, una vocación cristiana fundamentada en el amor, la esperanza y la caridad. No todos serán llamados a la vida religiosa, pero los demás serán cristianos comprometidos, con sólidos matrimonios, donde seguramente se gestará una vocación hacia la vida religiosa.