Juan José Ramírez Escarza

Año con año, en nuestro país, este mes recordamos la figura materna. En la revista Almas también procuramos unirnos a los festejos y celebrar tanto a nuestras mamás en la tierra como a nuestra Madre en el Cielo.

La figura de la Virgen María se exalta de múltiples maneras y en especial se recuerda su papel como modelo de evangelización. Según la Sagrada Escritura, María es la persona que mejor acepta y comprende la voluntad de Dios y la Misión de su hijo, Jesucristo. Ella carga en su vientre la semilla de un nuevo mundo y desde ese momento y durante toda su vida cuida y acompaña a Jesús con amor y ternura. Y así como presencia las obras del Salvador, también permanece a su lado en su Muerte, que le desgarra el corazón. Sin embargo, su fe y su confianza en Dios la mantienen en pie y le permiten ser testigo de la Resurrección y compartir el mensaje de su Hijo con las primeras comunidades cristianas.

María padece situaciones adversas, pero también siembra la esperanza. Por eso sabemos que a nosotros nos acompaña en las dificultades y nos brinda calor materno con el mensaje que Jesús trajo para todos. María es la revelación de una de las facetas más importantes del amor de Dios: el amor maternal que nos cobija durante toda nuestra existencia y al que podemos recurrir en los momentos más oscuros, en el que podemos confiar para evitar los vicios de egoísmo e individualismo que nos separan de nuestros hermanos.

Así, estimados bienhechores, este mes los invitamos no sólo a festejar a nuestras mamás, sino a reflexionar sobre el papel que tanto ellas como María han jugado en hacer de nosotros mejores personas. Recordemos las lecciones de fe, humildad, compasión, ternura y demás valores cristianos que son manifestaciones del amor de Dios, y signo de fortaleza y de que somos verdaderos discípulos de Jesús.