Vanagloriarse… me vanaglorio… Es reducir el Evangelio a una función o a una vanagloria: voy a evangelizar y llevo a la Iglesia a tantos… Hacer proselitismo: esto también es vanagloria. Evangelizar no es hacer proselitismo. Es decir, evangelizar no es irse de paseo, ni reducir el Evangelio a una función, ni hacer proselitismo. Es lo que nos dice Pablo aquí: “No lo hago para gloriarme”, y añade: “al contrario, es para mí una necesidad imperiosa”. Un cristiano tiene la obligación, con esta fuerza, como una necesidad, de llevar el nombre de Jesús, desde su mismo corazón […] Todos conocemos a personas que se alejaron de la Iglesia: ¿qué les tenemos que decir? […] Empieza a hacer y él verá lo que haces y te preguntará. Y cuando te pregunte tú dile: “Evangelizar es dar testimonio: yo vivo así, porque creo en Jesucristo. Despierto en ti la curiosidad de una pregunta: ‘¿Por qué haces eso?’ Porque creo en Jesucristo y anuncio a Jesucristo, no sólo con la Palabra –se debe anunciar con la Palabra– sino también con mi vida”.

Francisco
Homilía matutina de la Misa en Capilla de la Casa de Santa Marta
9 de septiembre de 2016