P. José Alfredo González Márquez, MG

“Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia”
(Sal 44, 3)

Este año es un tiempo muy significativo para nuestro Instituto, ya que estamos celebrando el 50 aniversario de la partida a la Casa del Padre de nuestro primer Superior General, Mons. Alonso Manuel Escalante y Escalante. Por este motivo nos encontramos celebrando su vida, su presencia y su legado. El testimonio de algunos de nuestros hermanos mayores ilumina acerca de su conocimiento, sobre todo a aquellos que no tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente.

Dentro de las grandes obras que realizó durante su tiempo como Superior General de Misioneros de Guadalupe, sin duda la construcción del actual Seminario Mayor y de la Capilla central que embellece dicho lugar fue uno de los más importantes.

Este año se cumplen 60 años de que comenzó a construirse; fue concluida dos años más tarde; precisamente en los frescos y los vitrales que engalanan dicha capilla se ve la fecha de su creación.

En 1997 tuve la oportunidad de acercarme por primera vez a dicha capilla, cuando iniciaba los trámites de ingreso a Misioneros de Guadalupe. No puedo dejar de expresar mi grata impresión y la admiración que me causó el mural central, los vitrales y el viacrucis que, con su tamaño, colorido y sencillez, dejan ver lo que su creador, el pintor Federico Cantú, quiso transmitir a través de ellos: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”.

En la entrada, al lado derecho de la capilla, se muestra el anuncio, la encarnación, la huida a Egipto y, en síntesis, la infancia de Jesús. Siguiendo hasta el fondo, se muestran algunos milagros de Jesús; del lado derecho, su Bautismo, la Última Cena, su Pasión y su Muerte. Todo ello queda enmarcado en el mural central, que expresa el envío que el Padre celestial hace de su Hijo a este mundo: el envío de Jesús a realizar su Misión: la entrega total, hasta dar la vida, por toda la humanidad.

Creo que todos los Misioneros de Guadalupe que hemos pasado por esta capilla, donde oramos y celebramos la misericordia de Dios, nos sentimos identificados con este gran mural, “El enviado”, pues nos muestra cómo tiene que ser nuestra vida misionera de cada día: ser enviados y entregarnos plena y totalmente a la Misión encomendada.

Esta capilla, que durante casi 60 años ha albergado a tantas vocaciones misioneras, creo que es digna de conocerse. Por eso los invito a ustedes, apreciables Madrinas y Padrinos, a que si tienen la oportunidad de conocerla se acerquen a nuestro seminario, su casa, a contemplar y deleitarse con estas expresiones de arte que el pintor Federico Cantú y su equipo legaron para todos. ¡Pueden hacerlo el próximo mes en nuestra celebración del Día del Padrino 2017! A los que no puedan hacerlo personalmente, los invito a que, por lo menos, por medio de nuestra revista o la página web se puedan dar la oportunidad de conocerla y saborear su belleza.

Les envío un afectuoso saludo y espero que, gracias a la intercesión de Mons. Escalante, todos gocen de las bendiciones del Enviado, Jesucristo, nuestro Señor.