P. Sergio Abel Mata León

Estimados lectores de Almas, soy el P. Sergio Abel Mata León, de la Diócesis de San Juan de los Lagos, y desde hace tres años vivo en Rusia, trabajando en una de las Misiones más fascinantes de este tiempo. Los saludo con gusto y agradezco las oraciones que hacen por los misioneros del mundo entero. Escribo este artículo para contarles sobre la Misión en Rusia.

Cuando las personas escuchan que vivo en Rusia abren mucho los ojos y me hacen muchas preguntas, por eso quiero responder las que más frecuentemente me hacen.

¿Por qué te mandaron a Rusia? Como sabrán, los sacerdotes diocesanos regularmente no salimos de Misiones, y menos a lugares tan lejanos. Pero en nuestra diócesis Dios nos ha bendecido con abundantes vocaciones, por lo que tenemos la oportunidad de ayudar en regiones necesitadas. Así, un obispo de Rusia se enteró, por medio de una hermana religiosa, de la riqueza de estas tierras y mandó una carta solicitando ayuda. Al llegar dicha petición, nuestro obispo pidió voluntarios y un compañero y yo nos ofrecimos.

Aunque parece muy simple de contar, he de decir que el inicio fue un tiempo de mucha emoción y también de algunos temores. Ir a un lugar lejano, con idioma y cultura diferentes, siempre es un reto. Además, en ese tiempo no conocíamos personalmente a nadie en Rusia, así que simplemente tomamos nuestras maletas y, confiados en Dios, emprendimos un viaje de más de 35 horas.

¿Cómo fue su llegada a Rusia? Cuando llegamos al aeropuerto de Moscú, sin saber el idioma y sin conocer al sacerdote que iría por nosotros, nos dimos cuenta de que ir a la Misión es dar un paso de fe a lo desconocido. El P. Miguel, sacerdote polaco que tiene más de 10 años en la Misión, no tuvo problema en identificar a dos mexicanos con cara de incertidumbre en medio del tumulto del lugar.

Ese primer encuentro marcó nuestra Misión y fue el inicio de la aventura, pues ni el P. Miguel hablaba español, ni nosotros ruso u otro idioma en común, así que a señas nos guió hasta su auto. Todo eran risas y tal parecía que ya nos conociéramos de mucho tiempo; fue el inicio de una gran amistad. Desde entonces me ha quedado muy claro que hay un idioma universal: el amor. La gran familia que somos como Iglesia no tiene fronteras.

Pasamos un año estudiando ruso en la universidad y ayudando en las labores de la parroquia. Siempre hay algo que se puede hacer, quizá confesar y celebrar Misa aún no, pero preparar los lugares, limpiar los vasos sagrados o hasta encender y apagar las luces son ayudas que nunca están de sobra y que nos dan la satisfacción de apoyar en algo. Poco a poco fuimos aprendiendo el idioma hasta llegar a celebrar totalmente en ruso. Esa es una satisfacción muy gratificante, pues predicar el Evangelio a personas sedientas de Dios, en su mismo idioma, es algo que vale todos los esfuerzos y sacrificios.

¿Qué es lo más difícil? En lo personal el idioma es lo que más trabajo me ha costado. El ruso es un idioma complejo e implica el conocimiento de la cultura. No entender el idioma es una barrera que a veces cansa y desanima, pero la fe de las personas y sus ganas de escuchar la Palabra de Dios siempre nos motivó a hacer un esfuerzo extra para aprender a hablar.

¿Que es lo más interesante? En un país tan diferente, todo es interesante, pero sobre todo una Misión bajo el hielo es fascinante. Las temperaturas en invierno bajan hasta -35 ºC. Las personas en este lugar han aprendido a vivir con buena actitud a pesar de las inclemencias del tiempo. Los rusos se han adaptado tan bien a su clima que siempre se llenan de alegría cuando llega la nieve y les encanta jugar en los parques y esquiar en las montañas.

¿Cómo son los católicos de Rusia? Lo más bonito de nuestra Misión es poder llevar a Dios a las personas. A pesar de que los católicos en Rusia son proporcionalmente pocos, estos son personas con un enorme corazón y una fe ferviente. Ellos conservaron su fe a pesar de las limitaciones a civiles que prohibieron la religión durante mucho tiempo. Ahora ven como una bendición que lleguen sacerdotes de todo el mundo a darles los sacramentos; eso les confirma que nunca estuvieron equivocados en mantener su fe en Dios y en la Iglesia católica.

¿Ustedes quieren convertir a todos los rusos en católicos? Esta pregunta me resulta simpática, pues nuestra Misión no es convertir a todos los rusos en católicos. Nuestra primera tarea es atender a aquellos rusos que siempre han sido católicos y dar una oportunidad a aquellas personas que están buscando encontrarse con Dios y creen que la Iglesia católica les puede ayudar.

Pero la Misión va más allá del ámbito eclesial, pues también fomentamos la solidaridad entre los pueblos, acercamos las culturas y establecemos un diálogo entre las diferentes religiones y grupos sociales. Así, la presencia de un sacerdote católico en Rusia es muy significativa aun para el gobierno del país, pues somos colaboradores en la promoción de valores humanos.

Como ejemplo puedo mencionar que todas las escuelas llevan de visita a sus alumnos a los templos de las religiones que haya en su localidad. Además, tanto el gobierno como las demás religiones siempre nos invitan a sus eventos y fiestas. De esta manera, Rusia se ha convertido en un lugar privilegiado de diálogo interreligioso y cultural.

Estimados bienhechores de Misioneros de Guadalupe, sé que hay muchas preguntas más por responder, y espero en otra ocasión seguir contándoles más sobre esta hermosa Misión. Me encomiendo a sus oraciones y cuenten con las mías. ¡Dios los bendiga!