Juan José Ramírez Escarza

Estimados lectores de Almas, en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, el Papa habla acerca de una Iglesia “en salida”. Con esta expresión apunta a una de las características fundamentales del Pueblo de Dios, que quiere compartir su fe con los demás. Cada cristiano que se considere misionero debe “salir” de sí mismo, de su comunidad, sin miedo a encontrar y descubrir nuevos caminos para hablar con alegría del Evangelio.

Por supuesto este compartir de la Palabra se dirige a todos nuestros hermanos, sin distinción. La Misión no significa ganar seguidores o adeptos que ni siquiera se preocupen por conocer y comprender la vida de Jesús, sino hablar a otros y compartirles ese tesoro tan grande que son las enseñanzas evangélicas. Hablar, sin forzar la escucha, sin distinguir entre razas, culturas o condiciones socio-económicas.

El cristianismo no es un legado exclusivo de algún grupo social. Los discípulos de Jesús en todo el mundo representamos realidades diversas que, lejos de enfrentarse, tienden al encuentro cuando ofrecemos un testimonio de verdadero seguimiento a nuestro Maestro.

De ahí la invitación a salir en busca del encuentro con otros que aún no conocen a Cristo. La misión ad gentes significa ir precisamente hacia los no cristianos. Pero, aunque no hay distinciones, ciertamente la encomienda de llevar la alegría de la fe encuentra una opción preferencial hacia los pobres, los enfermos, los habitantes de las periferias, que están más necesitados de esa Palabra que ofrece consuelo, misericordia y esperanza. ¡Por eso, en la revista Almas siempre los invitamos a salir a la Misión de encuentro con esos hermanos que tanto nos necesitan!